¿ACCIDENTE O ATENTADO? Explosiones en Río Tercero, Tráfico de armas y pedidos de Justicia
- El Ancla, en Centro de Medios

- 15 nov 2023
- 5 Min. de lectura
Por Virginia Reyna
El 3 de noviembre del año 1995 se produjeron en la ciudad de Río Tercero, Córdoba las explosiones de la Fábrica Militar. No solo dejó daños físicos notablemente graves, sino que marcó a todos los partícipes del hecho generando una herida que sin justicia jamás cerrará.
En el marco del aniversario número 28 de este suceso, los acontecimientos ocurridos aquel día y los días previos no deben quedar en el olvido y la reflexión acerca de qué rol ocupó el Estado en este atentado debe estar presente.

Breve historia de la fábrica y su relación con diferentes negocios estatales
Río Tercero es la ciudad cabecera del departamento Tercero Arriba en la provincia de Córdoba. Reconocida por ser la “capital del deporte”, la ciudad se caracterizaba por ser serena y segura. Allí también se encuentra la Fábrica Militar, una planta productiva perteneciente a la empresa estatal argentina Fabricaciones Militares Sociedad del Estado (FMSE). Esta, sin esperarlo, sería la protagonista de la intranquilidad de los habitantes.
Ahora bien, para entender cuáles fueron los antecedentes que dieron lugar a este trágico suceso, es muy importante hacer hincapié en el presidente que estaba cumpliendo su mandato en ese momento: Carlos Saúl Menem, abogado y político. Su gobierno estaba sumido en denuncias por corrupción y una fuerte crisis económica por inflación que subía y bajaba constantemente, y este atentado no es más que la prueba empírica de aquello.
Durante su mandato, Menem firmó tres decretos secretos donde se autorizaba una venta de 6500 toneladas de armamento de guerra a Venezuela y a Panamá. El problema aquí era que el destino de este armamento no era ninguno de estos dos países. Bastará con sólo nombrar que Panamá ni siquiera contaba con Fuerzas Armadas para comprender el propósito de contrabando que tenía este negocio. El destino real de esta cantidad de armamento eran Ecuador y Croacia. Es preciso aclarar que Croacia se encontraba en guerra con Serbia, y Ecuador estaba en una “semi guerra” no declarada contra Perú por la Cordillera del Cóndor.
Aunque Argentina era garante del Tratado de Paz del protocolo de Río de Janeiro de 1942, es decir, no se autorizaba vender armamento a ninguno de estos países ya que era ilegal, se camufló la venta a través de la simulación del envío de armas a Venezuela y Paraná. Si bien a lo largo de 1995 se llevaron a cabo varias investigaciones que ponían en evidencia la ilegalidad del negocio, un viernes tres de noviembre de 1995 explota la Fábrica Militar con el objetivo de no dejar rastros y pruebas que puedan incriminar al Estado argentino y que pudieran probar que el mismo era parte de este turbio negocio.
El día que Río Tercero se tiñó de humo, cenizas y lágrimas
Un viernes que parecía un día como cualquier otro, la ciudad amaneció cálida y soleada. Las actividades cotidianas estaban previstas con normalidad, las personas circulaban con total naturalidad por las calles. A las 8:55 AM una onda expansiva que se originó en la Fábrica Militar invadió y destruyó la ciudad. Se estima que se sintió al menos a unos 5 km de distancia y en total, ese día, fueron tres explosiones que generaron que cientos de esquirlas, municiones y proyectiles (entre otros) lluevan y sean protagonistas de la destrucción total de, al menos, tres barrios aledaños a la fábrica.
La desesperación invadió a los habitantes, que mientras tanto huían a ciudades cercanas o trataban de comunicarse con familiares que no se encontraban en sus hogares al momento del hecho. No sólo la desesperación fue protagonista, sino la angustia e incertidumbre que abundaba al no saber si los proyectiles que caían en las casas podían explotar o simplemente caer y generar daños irreversibles. Claudio Reyna, partícipe del hecho, contó cómo fue haber vivido en carne propia la preocupación de no saber dónde se encontraba su padre al momento de las explosiones. En relación con esto, Claudio declaró: “Yo estaba haciendo un trabajo para la facultad cuando de repente la silla se estampó contra la pared. Mi padre no estaba en mi casa entonces decidí agarrar mi moto y salir a buscarlo. Cuando estaba yendo por la calle principal, presencié la segunda explosión y mientras yo avanzaba, caían esquirlas por mi costado, yo no tenía ni idea del peligro que corría. Realmente fue una situación que no me gustaría volver a pasar.”
En total hubo que lamentar siete víctimas fatales y más de 300 heridos, sin mencionar los daños físicos que dejaron secuelas hasta la actualidad.
Sin embargo, a las horas de lo sucedido, el presidente viajó hasta Río Tercero para dar una conferencia de prensa y aclarar que solo se trató de un “terrible accidente” y no de un atentado. ¿Es viable decir que se trató de un accidente? A la Fábrica Militar llegaban los armamentos para ser reacondicionados y posteriormente ser enviados a Croacia, Ecuador y Bosnia. Si bien, a partir de esta contextualización, todo parecía indicar que el objetivo de la explosión fue ocultar pruebas del tráfico de armas y disimular el faltante de la mismas, Menem sostuvo hasta el día de su muerte que lo sucedido no fue un atentado y que durante su gobierno no existió corrupción.
El 24 de noviembre del mismo año, se dió la segunda explosión para terminar de eliminar todo rastro de la fábrica. No sólo bastó con destruir todo lo que por años habían sido los cimientos de una ciudad tranquila, sino que en las conferencias de prensa que el presidente daba, la verdad no estaba completamente esclarecida.

28 años sin justicia. El dolor sigue intacto
Si bien el presidente se había encargado de difundir que el trágico suceso solo se trató de un accidente, la justicia decide investigar si realmente era lo que se decía. Los peritajes hechos corroboraron que efectivamente había sido un acto deliberado con el objetivo final de hacer desaparecer las pruebas del contrabando ilegal de armas. Se probó que este tipo de explosiones no pueden ocurrir sin un detonador.
En el año 2003 se definió que el hecho había sido un atentado. Se acusaron a cuatro militares, todos ellos distintos jefes de fabricaciones militares en ese momento: Cornejo Torino, Gato, Gónzalez de la Vega y Franque.
Si bien se señalaron a varios de los responsables, la investigación de la justicia duró 16 años debido a diferentes irregularidades, cambios de jueces y demoras. Existían intereses muy variados ya que quien estaba involucrado era nada más y nada menos que Carlos Menem, presidente en aquel momento.
El dirigente riojano finalmente fue acusado e iría a juicio el 24 de febrero del 2021. Esto jamás fue una realidad para los ciudadanos ya que el ex presidente falleció el 14 de febrero del 2021, diez días antes de enfrentar al tribunal.
Es importante no dejar que este suceso quede en el olvido, no sólo por los sobrevivientes y víctimas de este atentado, sino para todos los ciudadanos que tienden a no darle importancia a hechos corruptivos que han ocurrido a lo largo del gobierno menemista. No fue un simple accidente, fue un hecho premeditado para tapar pruebas contundentes. No lo sufren los gobernantes, lo hacen los que alguna vez anhelaron que nunca se olvide y se haga justicia.





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