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Crónica de un fotógrafo sobre un Ángel Caído

Aquel que con el arte le devolvió el oído a su viejo, se presentó en Club Paraguay un sábado de julio menos frío que de costumbre. Para Acru la música es un portal, y en Córdoba se abrió sobre un escenario de luces tenues que imbuyeron mis fotos sacadas desde el público...Yo estuve ahí.

Acru tocando en Club Paraguay ph: Ulises Calvo
Acru tocando en Club Paraguay ph: Ulises Calvo

Esperaba el interurbano a eso de las 17 de la tarde bajo un cielo grisáceo en una parada de bondi desolada, vestido de negro preparaba las preguntas para entrevistar al público.


Iba a cubrir a Acru, para quien no lo conozca: Agustín Cruz, artista visual descendiente de

inmigrantes que llegaron para acá por una economía inestable...para él, lo demás no es importante. Ya en el colectivo viajaba inmerso en mis auriculares escuchando su último disco Yamael, la ambición. Revisaba mi cámara y el lente 18/105 mm que me había prestado mi viejo, iba a enfocar a Acru a través de los ojos de mi viejo, lo iba a escuchar desde las voces de su público.

Al llegar se lo escuchaba haciendo la prueba de sonido, a las 19 de la tarde eran unas pocas almas silenciosas que esperaban sin saber que al entrar la espera se haría un poco más larga, Acru estaba ahí; en el brillo de los ojos de la gente que fotografiaba, bajo unas luces rojecinas que endurecen las facciones pero que cuidan el semblante.

Los plebeyos nacen con un don que más tarde los convierte en reyes fruto de su ambición,

encomendandosé a Dios al fin. Por la pantalla de fondo pasaron la propuesta del último álbum, en el ambiente se percibía cierta ansiedad, como si pudiera salir en cualquier instante, en cualquier momento, había que estar atento.

Llevaba la cámara en mano pero apagada, tenía solo dos baterías y debía cuidarlas, como si mi vida dependiera de eso, furtivo y silencioso atravesaba el mar de gente que coreaba: “Olé olé olé, Acru, Acru”. como si quizá vitorear lo hiciera aparecer.

Con la aparición del guitarrista la fé de que todo empiece resurgió, bajo una oscuridad casi total se dedicó a afinar su instrumento, el cuerpo blanco de la guitarra brillaba lo suficiente como para llamarme la atención, a estas alturas el humo del ambiente no era solo de las máquinas de vapor... Cuando la impaciencia llegó a mí ya había observado lo que se podía ver del Club Paraguay, las paredes de ladrillo visto, la larga barra contigua al espacio del sonidista, la plataforma de fondo que conecta al segundo piso... Y apareció.

Vestido de negro y con campera su contorno se perdía entre las luces y las sombras, de su rostro solo me quedaban las facciones, de su frenetismo un instante estático.

Me es difícil distinguir que ví en el momento y que vi en las fotos, con su mano derecha sostenía el micrófono de tal manera que su imágen se tornó anónima, sigue anónimo a pesar de ser magnánimo.

¿Who ́s back? El que antes de rapear el beat lo baila, el que no encontraba a Dios así que lo puso en los ojos de su madre, el que sostiene con firmeza que si Dios existe es un freestyler. Al escucharlo terminé por la primera opción que es mover la nuca, con la cámara en alto me adentré al centro de ese mar de adeptos, de devotos al culto del hip hop.

Con sumo respeto y cuidado me supieron abrir paso durante todo el show, entre Acru y yo se encontraban las manos en alto, los pogos, los celulares, las expresiones de incredulidad y asombro frente a la proyección del que ante todo quiere ser leal.

Entre mi lente y mi objetivo se encontraba su música, sus palabras sobre la realidad de la cultura y el arte en tiempos de crisis económica, su ambición pero también su simbolismo, las luces que lo alumbraban y me avisaban de cuando disparar.

Levantó un vaso de fernet y brindó con su público eminentemente cordobés, sonriente y agradecido. En el anular de su mano izquierda llevaba un anillo con sus iniciales superpuestas, pero también llevaba el hilo conductor de su improvisación, con la mirada clavada en la punta de sus dedos desenvolvía el nudo del lenguaje castellano mientras alzaba la mano, como si Dios tirara del otro lado del cordón.

Acru, ph: Ulises Calvo.
Acru, ph: Ulises Calvo.

Dice que no es un hombre ejemplar, que solo rima; Sin embargo eligió pronunciarse sobre la realidad de la cultura argentina, desfinanciada, maltratada, abandonada a su suerte, para mí eso es sinónimo de hombre.

No recuerdo el orden de las canciones, recuerdo la sensación de ser arrastrado por la fuerza de los muchos que eligieron saltar, recuerdo la voz de uno de los muchachos que tenía detrás, reforzando los punchlines con euforia.

Recuerdo la cara de un chico y su ilusión al mostrarme sus remeras de Riquelme, una de las 2 volvería firmada, la otra la levantaría Acru para recordarnos que no hay tanta distancia entre sus versos y las gambetas de Román.

Cuando escribe el barrio sueña y no sufre, cuando toca; Dios baja del cielo y se posa sobre mi lente para guiarme, para enseñarme a fotografíar a su Ángel Caído, Mi cámara una rosa negra, llevo un disparo de instante a su nombre.

Esta fue una crónica sobre Agustín Cruz, lo demás no es importante.

- Ulises Calvo


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Conducción x Arcilla 

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