top of page

El cine es una experiencia social.


Asteroid City | Reseña por Perotto Ignacio


El cine es, quizás, el medio más social de todos. Tal vez el séptimo arte sea el más gregario de todos ellos.

Hacer una película no es moco de pavo. Pintar una obra, componer una canción o esculpir una bella obra en mármol pueden ser tareas perfectamente abarcadas por un solitario artista.

Las películas, como su progenitor el teatro, se nutren muchísimo de la interacción de dos o mas personas. Es un medio que parte de esta filosofía interactiva, donde si bien las obras escritas e interpretadas unipersonalmente existen, están lejos de ser la aparición predominante.

Quizás es esta perspectiva más cooperativa a la cual apunta Wes Anderson con Asteroid City. Filosofías construidas grupalmente. Realidades definidas por lo compartido. Arte en conjunto.

Más allá de su estelar elenco, Asteroid City es una película compleja. No es realmente profunda, pero sí que es particularmente laberíntica en su presentación y desarrollo. Hay múltiples capas que enredan y dificultan el desarrollo del filme. Tenemos primero un narrador, que comienza explicando la historia de un dramaturgo llamado Conrad Earp. Este se encuentra trabajando en el guión de lo que será próxima obra teatral. Aquella recibe el nombre de “Asteroid City”, que será posteriormente puesta en escena por el director Schubert Greene. Durante el transcurso de la película veremos escenas que mostrarán la escritura de la obra, y de las personas que influyeron en Earp durante su realización. También podremos ver interpretada en la película escenas que representan el detrás de escenas de la interpretación de dicha obra. Y finalmente, se enfocará principalmente en relatar la obra en sí, Asteroid City. Esta última perspectiva será la única que veremos en color, pues las otras dos narraciones estarán en blanco y negro. Esto es importante porque luego veremos como se van mezclando estas interpretaciones, donde los actores estrecharán sus lazos con los personajes que interpretan.


El foco central de la película parece recaer en la intrincada relación entre la producción y la realización de una obra. Las relaciones personales que se entablan entre el escritor del guión y las personas que encarnan las creaciones que de su mente salieron. Es una película bastante enredada. Hay muchas temáticas enzarzadas en un complejo baile, que finalmente se añaden las unas a las otras para acercarnos a otro de los mensajes principales del filme: la construcción en conjunto. Con esto último no me refiero exclusivamente a la realización de la obra, de la cual el escritor del guión original de Asteroid City parece nutrirse durante el cénit de la película, sino más a como la realidad es construida en compañía. Un mismo evento interpretado cooperativamente, cada observador una pieza clave del rompecabezas para construir lo que llamamos realidad. Nuestra percepción de lo que nos rodea está sumamente condicionada por lo que opinan o lo que delimitan nuestros pares. Sea la interpretación de las intenciones de la visita de un Alienígena, compuesta por los puntos de vista de una profesora y sus pequeños alumnos, o la concepción de “propiedad” de los bienes raíces: acuerdo entre el estado y un individuo, pactando la posesión de un trozo de tierra.


Este mensaje se repite en varias partes de la película. No es mi intención enredarme citando todos los ejemplos que se me ocurren que refuerzan este mensaje, pero otro importante que refleja dicho subtexto podría ser el debate sobre la manera correcta de efectuar un sepelio de un ser querido.

La temática de la relación entre la escritura y la realización de la obra de teatro se mezcla con la de la creación artística en conjunto. Hay una escena muy importante en la película, en donde el dramaturgo tiene problemas para escribir su culminación. Al no poder encontrar solución a esta encrucijada, pide ayuda a los actores que interpretarán sus personajes.

Me parece que esta es la escena más importante de la película. No solamente porque da pie a la escena más emblemática de la misma (la del final), sino porque además nos resuelve un poco las dudas y armoniza las opuestas temáticas del filme.


Durante todo el filme (más específicamente durante el acto 2) tenemos a los personajes dialogar sobre sus sentimientos y cómo los representan. Midge (interpretada por Scarlett Johanson), expresa como ella nunca ha sentido realmente sentimientos por cuenta propia, sino que siente aquello que sienten los personajes que interpreta. Esta filosofía es probada posteriormente cuando, durante su intento de suicidio, utiliza uno de los guiones de sus personajes para convencerse de no hacerlo. Es decir, ella está intentando suicidarse con una sobredosis de pastillas, le pide en ese momento a su vecino de cabaña (el protagonista de la obra) que interprete junto a ella una escena de una obra teatral donde un hombre intenta detener a una mujer que está por suicidarse. Esta simbiosis actor-personaje se eleva en el tercer acto, donde el actor principal de la obra sale de escena para confrontar, muy perturbado al director de la obra. No puede parar de sentirse como el personaje que está interpretando.


Volviendo a la escena donde el dramaturgo pide ayuda, el apogeo narrativo de la película ocurre particularmente cuando los actores, sentados en unas gradas observando al dramaturgo sentado en el escenario, se incorporan uno a uno y exclaman “No puedes despertarte si no te duermes”. En mi opinión, esta es una frase contundente cuanto menos, pero lo realmente importante ocurre en la composición de colores.



Anteriormente se estableció que los fragmentos de la película que transcurren durante la interpretación de la obra de teatro Asteroid City son las únicas fracciones del filme que se muestran a color; las demás escenas (de la producción detrás de escena y de la escritura del guión) están representadas en blanco y negro. Durante esta escena final (que como ocurre durante la producción del guión está en monocroma), al incorporarse los actores son reflectados por una luz que les da color. Su conexión con el personaje que interpretan es plena, su conexión con la obra, absoluta.

No se muestra la conclusión de la obra teatral presentada en el formato de narración propio de la película, y no hace falta. En esta escena final, producción y realización se fusionan, culminación mutua de sendos procesos productivos sui-generis, final apropiado para ambos.


Podemos pasarnos todo el día hablando sobre el estilo artístico de Wes Anderson, pero no es mi idea. Sin embargo, diré que su trabajo tan único en el rubro comienza a hacerle competencia… a él mismo. Quizás sea que, como preparación para esta película, volví a revisar algunas de sus producciones, como Hotel Budapest o Fantástico Señor Zorro, y si bien estás continúan siendo tan buenas como las recuerdo, lo cierto es que la firma de Anderson comienza a cansar. Anderson es disruptivo, pero lo era hace diez años. En el presente, continúa teniendo algunos de los inconvenientes que tenían sus producciones pasadas. Es decir, las tramas sobrecomplicadas. Es una verdadera pena, pues aún teniendo un elenco tan espectacular, plagado de estrellas con un trayecto largo y distintivo, la película no logra darles mucho material con el que trabajar. Los personajes no son tan distintos entre ellos; el director, maestro en el diálogo sagaz, no es precisamente a la hora de manejar personajes con intereses o aspiraciones profundas. Por momentos parece querer lograrlo, pero al igual que la serpiente de Ouroboros, termina devorándose a sí misma favor de este característico estilo de Anderson que, más allá de la inmaculada dirección estética, impide a sus personajes alejarse del estándar "personaje carismático pero voluble".

Desglosando esta película con mi primo, un aguerrido fanático de Anderson y su filmografía, confesó inesperadamente una dolencia: "Uno se vuelve fanático suyo a partir de la primera película, pero lo odia para la quinta".


Quizás me estoy enredando, pero a muy resumidas cuentas:

Asteroid City dista de ser una propuesta más sobre el montón. La existencia de directores como Wes Anderson son agradecidas, pues presentan una disrupción muy necesaria en l industria cinematográfica. Sin embargo, debe evolucionar con su estilo de narración, a riesgo de cansar incluso a sus seguidores más cercanos.

El resultado final es entretenido y con una profundidad que sorprende por su existencia, más no por su hondura. Verla en mi amado Cineclub Municipal contribuyó maravillosamente a mi experiencia personal, en una sala bien cuidada y repleta. Realmente espero ver más sobre el director en un futuro, pero admito que me veré severamente decepcionado si continúa con esta tendencia suya a inclinarse hacia la simpleza narrativa en favor de una suntuosa dirección artística.

Comentarios


Conducción x Arcilla 

Redes Sociales

  • Gris icono de Google Play
  • Gris Icono de Instagram
bottom of page