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Eliminar la violencia es una responsabilidad social

A 7 meses del femicidio de Catalina Gutiérrez inició el juicio contra Néstor Soto. Desde el ancla estuvimos presentes en la sesión. Enmarcadas en la semana del #8M compartimos algunas reflexiones de la mano de Luciana Rivadeo, estudiante de nuestra facultad.


Catalina Gutiérrez era una joven cordobesa de 21 años que estudiaba arquitectura en la UNC. Su familia y amigos la describen como una persona muy simpática, muy querida y carismática, por lo que le gustaba hacer contenido para las redes sociales. El 17 de julio del 2024 su historia dejó de contarse en publicaciones alegres para transformarse en los titulares de noticias policiales.

 La madrugada del 18 de julio el cuerpo de Catalina fue encontrado en el asiento trasero de su auto, un Renault Clío. La autopsia develó que Catalina murió asfixiada por estrangulamiento y que presentaba múltiples lesiones en distintas partes del cuerpo. El vehículo estaba estacionado en un descampado en barrio Ampliación Kennedy de la ciudad de Córdoba, las cerraduras no parecían forzadas y en el interior del auto, junto a Catalina, se encontraron los restos de un incendio fallido. La escena llevó a los peritos a deducir que los hechos se desencadenaron tras una discusión con alguien cercano que luego intentó borrar la evidencia incendiando el auto.

La investigación y las pruebas de ADN señalan como único responsable a Néstor Soto, un amigo y compañero de la facultad. Aquella noche la había invitado a su departamento, luego se reunirían con el resto de sus amigos. Una noche que se suponía de disfrute culminó en el acto más extremo de violencia machista. La noticia al día siguiente horrorizó pero no sorprendió. Las amistades de Catalina aseguraban que desde meses atrás la joven vivenciaba episodios de hostigamiento y manipulación por parte de Soto. Este fue detenido e imputado por homicidio agravado por alevosía y por mediar violencia de género.  

El juicio comenzó el 6 de marzo, en un ambiente pesado y de llantos contenidos. Los padres de Catalina no tienen las palabras suficientes para describir lo que están viviendo desde el día que perdieron a su hija.

Pero, no es solo un juicio, es una escena que se repite en cada caso de femicidio. La familia carga con el peso de la ausencia. Los medios responsabilizan a su madre, su hermana, sus amigas por no haber hecho suficiente, por no dimensionar la misoginia del asesino. Del otro lado, el acusado orquesta la jugada perfecta para librarse de la responsabilidad de sus actos, ahora su vida vale más que la chica que asesinó; “confese un hecho” no significa que haya sido premeditado. La abogada defensora exprime los discursos de odio; encubre el crimen bajo la problemática de un hiperfeminismo que nos aleja de la sociedad ideal. Pero, nosotras lo llamamos femicidio porque no fue un hecho aislado, ni una tragedia, ni un crimen pasional, sino que es la expresión más extrema de una violencia estructural y sistemática basada en la desigualdad de género en contra de las mujeres.

 Durante siglos estos asesinatos fueron justificados e invisibilizados. Nombrarlo es reconocer que hay una estructura que permite que esto siga pasando. Reconocer la figura legal del femicidio no es darle más valor a las mujeres por sobre los hombres; es reconocer la gravedad y la perversión de quitarle la vida a alguien simplemente porque existe, porque es mujer y eso implica ser inferior y que incluso tu vida esté a la voluntad un hombre. 

Hoy salimos a las calles a pedir justicia. Gritamos desesperadamente para que ninguna otra piba tenga el mismo destino. Gritamos desde el dolor y con la fuerza para cambiarlo todo.

El femicidio de Catalina no es solo un caso más. Todavía tenemos mucho que hacer; pero, no las mujeres, sino la sociedad. Eliminar la violencia es una responsabilidad social. No basta únicamente con indignarse por las redes. La justicia tiene que actuar. La violencia se tiene que dejar de naturalizar. Debemos deconstruir los roles de cuidado designados para las feminidades; ya no más arreglar incluso a costa de nuestra integridad. Las masculinidades se tienen que involucrar.  Debemos entenderlo como un llamado colectivo a involucrarnos, a preocuparnos, a ocuparnos; porque sino ¿Cuántas más seremos Catalina?



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Conducción x Arcilla 

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