¿Homo Argentum u Homo Porteñum?
- El Ancla, en Centro de Medios

- 25 ago 2025
- 2 Min. de lectura

Con Homo Argentum, Guillermo Francella vuelve a la pantalla grande de la mano de Mariano Cohn y Gastón Duprat. En principio, tenía como objetivo mostrar la identidad nacional con el humor característico del actor. Sin embargo, se queda corto: lo que se ve, no es la argentinidad en toda su diversidad, sino una postal encapsulada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La película se encuentra dividida en 16 cortometrajes breves en los que Francella busca representar “lo argentino” con diferentes situaciones cotidianas. La fórmula, que podría haber sido fresca, termina deslucida por dos factores claves. El primero: la presencia constante de publicidad dentro de cada segmento. Que se trate de una producción financiada con capitales privados se entiende, pero la reiteración publicitaria resulta cargosa y rompe el clima narrativo. El segundo: la obsesiva imitación de Relatos salvajes. Con situaciones simples pero escalando con tensión muy acelerada y en muy poco tiempo, es por esto que la mayoría de los cortos nunca terminan de explotar o siquiera construir atmósferas sólidas.
Otro punto bajo de la película: El guión. Tampoco logra sostener la propuesta. Su irregularidad se hace evidente en piezas como “El niño eterno” donde se apuesta todo al humor clásico de Francella: gestualidad exagerada y chistes de doble sentido. Lo que empieza prometedor termina en un final insípido, un padre arrepentido por darle libertad a su hijo mantenido.
Como si fuera poco, antes de que el film se estrenara, Cohn, Duprat y Francella aseguraron que representan “la argentinidad como pocas veces antes”. Lo que finalmente se ve en pantalla es un retrato del argentino uniforme y agotador, que reduce la complejidad del país a la mirada de la capital. Una argentinidad con acento único, que poco tiene que ver con la multiplicidad cultural que habita fuera de CABA.
En síntesis, "Homo Argentum" no es una película sobre lo argentino, sino sobre lo porteño. Si el objetivo era demostrar que el cine con financiamiento privado podía ser una alternativa viable frente al INCAA, la apuesta resulta insuficiente y expone un problema mayor: subestimar al espectador. Las historias no se cierran y las buenas propuestas se desperdician en remates pobres, como en "Cadena Nacional" o "Troppo Dolce".
Lo mejor: Aquí no ha pasado nada, El niño eterno y La novia de papá.
Lo peor: Cadena Nacional, Un hombre decidido y Piso 54.
Articulo escrito por Santiago Diaz





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