Rayos Láser en Sala Formosa: cuando el escenario se convierte en trinchera
- El Ancla, en Centro de Medios

- 18 jul 2025
- 3 Min. de lectura
El pasado sábado 12 de julio, Sala Formosa vibró con la energía íntima y contundente de Rayos Láser. La banda cordobesa, nacida en Villa María en 2011 y compuesta por Tomás Ferrero, Gustavo “Gringo” Rodríguez y César Séppey, presentó su más reciente disco, Ya no estoy aquí, en un concierto que combinó música, entrega y una declaración que todavía resuena en el aire y que transformó una noche fría en un acto afectivo de resistencia cultural.
Musicalmente, el show fue un recorrido emocional y sonoro. La sala, de formato cálido y con capacidad justa, permitió un vínculo cercano con el público. La banda desplegó el nuevo repertorio, menos electrónico que discos anteriores y más centrado en guitarras y melodías profundas. Pero no faltaron sus himnos más queridos: “La pelea”,“Ya me hiciste mal” y “Nada de mí”, los cuales le dieron al concierto instantes de euforia y conexión colectiva. Las nuevas canciones, con su tono melancólico, fueron recibidas con atención y entusiasmo, marcando un contraste emotivo que reforzó la madurez artística de la banda.
Un show que se sintió como un abrazo
Rayos Láser no solo presentó un disco: defendió una forma de estar en el mundo, de hacer arte, de no rendirse. Algo que permanece, que deja huella. En ese gesto hubo más que música, porque Rayos Láser es, para muchos, una banda que acompaña. Y en estos tiempos, eso vale más que nunca.
Cultura en crisis, artistas en pie
En un momento clave de la noche, Tomás tomó el micrófono y durante su escena artística, agradeció al público y señaló que seguir apostando al arte en las circunstancias actuales, no es un lujo: es un acto responsable frente a la crisis. Una reafirmación de que, aunque los tiempos sean inciertos y los recursos escasos, la música tiene el poder de persistir y de sanar.
El gesto de Ferrero se inscribe en un contexto nacional donde la cultura está bajo amenaza: recortes presupuestarios, cierre de programas, ataques discursivos a lo simbólico y a lo sensible. El arte, reducido a “gasto”.
Frente a eso, agradecer por asistir a un show, por pagar una entrada, por salir de casa y elegir la música antes que la resignación, es también una forma de militancia. Una manera de decir: esto vale, esto importa. Y ahí está la clave: el arte como refugio y como trinchera. Ferrero, como otros artistas, parecen entender que hoy no alcanza con hacer música. Hay que hablar. Hay que nombrar el contexto. Hay que recordar que un país sin cultura es un
país a la intemperie.
El público lo entendió enseguida. Hubo aplausos, sí, pero sobre todo hubo silencio. Un silencio lleno de sentido. No fue sólo admiración: fue acuerdo, fue necesidad de creer en algo en medio de una tormenta que aprieta desde hace tiempo.
Por eso, ese “gracias” no fue una cortesía. Fue un acto político en clave íntima. Una forma de recordar que el arte no es lujo: es refugio, memoria y futuro.
Alzar la voz también es crear
En un contexto de crisis generalizada, donde todo parece inestable, el arte aparece como una de las pocas certezas
Porque si hay algo que nos queda, incluso cuando todo escasea, es esto: la música, la palabra, el arte. Y el coraje de seguir creyendo.

-María José Almada





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