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¿Qué sigue para Venezuela?

La república bolivariana celebra la detención de Maduro aunque el destino de su democracia aún es incierto.


Por la mañana del pasado sábado, Caracas fue bombardeada y el mandatario Nicolás Maduro, arrestado por el gobierno de los Estados Unidos. Mientras miles de venezolanos esperan ansiosos volver a su hogar como un país libre, Donald Trump manifiesta el comienzo de un plan para asumir el control de Venezuela.


Alrededor del mundo las sonrisas venezolanas se multiplican y los festejos no cesan. Videos que erizan la piel comunican la noticia. Los exiliados, los residentes y los venezolanos nacidos en él extranjero tienen la esperanza de volver a sus hogares y abrazar a sus familias, conocer sus orígenes e imaginar un país mejor. Un país con un gobierno que les garantice democracia, que les garantice libertad.

Fotógrafo: Federico Parra. Imagen tomada de Amnistía Internacional.
Fotógrafo: Federico Parra. Imagen tomada de Amnistía Internacional.

Sin embargo, la intervención del gobierno estadounidense ha despertado la preocupación de los países latinoamericanos que no percibían una movilización semejante desde el abandono de la Doctrina Monroe en 1989. Las intromisiones yanquis durante el siglo XX provocaron grandes desestabilizaciones político-económicas de los gobiernos latinos, destrucciones irreparables y fuertes guerras civiles. “La Doctrina Monroe fue algo grande, pero la hemos superado por mucho la verdad” expresaba el presidente norteamericano Donald Trump.


Trump anunció el control de los Estados Unidos sobre la gestión del gobierno venezolano para asegurar una “transición segura del poder”. Esto incluye el juicio a Nicolás Maduro por crímenes de “narcoterrorismo”, las negociaciones con dirigentes del régimen venezolano actual como Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Venezuela y el ministro de Interior Diosdado Cabello y no menos importante, el control de la explotación petrolera y económica de Venezuela.


“Construimos la industria petrolera venezolana con talento, empuje y habilidad estadounidenses, y el régimen socialista nos la robó” afirmaba Trump y declaraba: “Haremos que nuestras gigantescas compañías petroleras estadounidenses (...) gasten miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera, que está muy deteriorada, y empiecen a generar ingresos para el país".

La activista política María Corina Machado manifestó su alegría por la próspera libertad de Venezuela y fue apoyada por el candidato opositor al partido de Nicolas Maduro y a quién la voz popular reclama como electo en las elecciones 2024, Edmundo González. Pero Trump desestimó la legitimidad de Machado en Venezuela diciendo que ella “no tiene el apoyo ni el respeto de Venezuela”. Más tarde, se conocieron principios de negociaciones de el secretario de estado Marco Rubio con la vicepresidenta venezolana Delcy Rodriguez quien tiene que asumir al menos por treinta días el poder en el país por disposición constitucional. ¿Es esta intervención un rescate o una resolución de intereses entre unos pocos poderosos? ¿Priorizará Trump la soberanía venezolana? O como muchos temen, ¿Tomara lo que necesita y dejará un país acéfalo o bajo otro régimen dictador?


Como muchos especialistas dicen, tampoco es posible olvidar los precedentes. El gobierno de Donald Trump se ha caracterizado por su involucración militar y armamentística en numerosos conflictos geopolíticos: la guerra Ucrania-Rusia, Israel-Palestina, ataques a la República Islámica de Irán y a embarcaciones petroleras venezolanas en el caribe. Este poder de imposición de su voluntad por medio de la fuerza bélica viola innumerables leyes del Derecho Internacional, abre un panorama de tensión mundial y el desdibujamiento de los límites de la soberanía de cada nación.


Hermano venezolano independiente y soberano


Los crímenes de lesa humanidad cometidos por el régimen de Maduro no merecen justificación alguna. Se han reportado centros de detención, desapariciones forzosas, represiones violentas a la libertad de expresión y el secuestro de visitantes, embajadores y periodistas extranjeros, como el general argentino Nahuel Gallo


Hoy la nación venezolana siente alivio, los festejos copan hitos históricos como el obelisco en Buenos Aires y el Times Square en Nueva York. Se desprende de ellos la esperanza de recuperar la libertad que les fue arrebatada hace ya mucho tiempo. Quieren confiar en que sin Maduro ya nada puede ser peor. Como latinos no podemos evitar estremecerse con el brillo en los ojos de quien enarbola la bandera bolivariana y afirma “¡Voy a volver a casa!”. Nadie es capaz de cuestionar el derrocamiento de un régimen autoritario, pero tampoco es posible olvidar las tragedias que nos hermanan.



Y es en la memoria donde encontramos las cicatrices del pueblo latino que aún sangra. Heridas que son producto de ideologías enfrentadas. Conflictos extranjeros que no nacían de nuestros problemas, nuestras necesidades ni de nuestra idiosincrasia. Dos ideologías, dos potencias mundiales con sus intereses personales y una guerra en la que fuimos campo de batalla y simples peones. Estados Unidos tuvo su participación crucial y atentó contra la soberanía de aquellos más débiles militarmente. Siempre el mismo pretexto “Los gobierna el enemigo, vengo a rescatarlos”.


¿Los resultados? la invasión y redirección de las decisiones del pueblo democratico de Guatemala. En Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil la alineación de las dictaduras militares de los setenta en el Plan Condor. Y en El Salvador y Nicaragua el despliegue de las más sangrientas guerras civiles con decenas de miles de muertos y destrozos irreparables.


Por el momento, Donald Trump ha dejado bien en claro sus intenciones con la intervención durante su última conferencia de prensa: quiere imputar a Nicolas Maduro por las denuncias de su supuesto liderazgo en el Cartel de Los Soles, gobernar Venezuela hasta asegurar una “transición segura” del mandato presidencial de la república bolivariana y la recuperación de las estructuras petroleras que pertenecerían al gobierno norteamericano. Pero no se manifestó a favor de las voces revolucionarias de la oposición al régimen como la de Maria Corina Machado, no dio paso a la autodeterminación del gobierno venezolano ni velo por la enorme diáspora de esta nación que recorre el mundo sin un hogar, siendo discriminados, incluso rechazados por políticas migratorias como las del gobierno de Trump.


¿Quién vela por el pueblo venezolano? ¿Qué destino les depara con un gobierno desmantelado y otro que no representa sus principios y necesidades? ¿Es este el inicio de un futuro mejor para Venezuela u otro capítulo en la historia de sumisión y represión del pueblo latinoamericano?



Celebramos la alegría del hermano venezolano, pero aún en estos momentos de incertidumbre extrema hay que recordar quienes somos cómo latinos, el lugar que ocupa América Latina para las grandes potencias intervencionistas y procurar la unión, estar alerta y priorizar nuestra independencia. Que sea la soberanía como pueblo más fuerte que el poder inminente de unos pocos.

Escrita por Joaquín Cordeiro

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Conducción x Arcilla 

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