Periodismo en la mira: cuando atacar a la prensa deja de ser una metáfora
- El Ancla, en Centro de Medios

- 14 mar
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 14 mar
El día 26 de febrero del 2026, un camarógrafo de A24 , que estaba mostrando la intervención en el congreso de Greenpeace y en consecuencia su detención, fue agredido y detenido de forma violenta, frente a la represión policial
Facundo Tedeschini, el camarógrafo de quién hablamos, se encontraba cubriendo una protesta de Greenpeace en las escaleras del congreso, previo a la sesión del senado en la que se trató la reforma a la ley de glaciares. Fue en ese momento cuando la policía avanzo con gas pimienta y empujones, Tedeschini fue pateado, tirado al piso -provocando que su pómulo golpeara con la cámara, causándole una herida-, arrastrado y detenido.
Mientras tanto, en el estudio de A24 y la cronista que estaba con el “sorprendidos por la brutalidad policial”, explicando que Facundo no estaba marchando ni en medio de la propuesta, no provocó, ni se subió a la valla.

ahora, ¿porque no nos sorprende? Creo que la respuesta sencilla es porque este accionar no es nada nuevo, se viene replicando desde 2024, pero… ¿cuál es la respuesta compleja?
Y hemos sido testigos de cómo el estado nacional, de alguna forma sospechosa y explícita, se pelea constantemente con los medios, camarógrafos y los periodistas, y así , en paralelo, de una manera cuestionable y tramposa, acompañado por otros. Podría mencionar muchos casos, Pablo grillo, el intento de censura de Adorni como vocero nacional, jactandose de querer un “botón para silenciar”, los múltiples periodistas gaseados, agredidos y heridos en las manifestaciones frente el congreso, el uso de los medios digitales para desacreditar e insultar a los encargados de cubrir la realidad, Se han registrado ataques directos a figuras como Jorge Fontevecchia, Jorge Lanata, María O’Donnell, Víctor Hugo Morales y Roberto Navarro. En abril de 2025, el presidente publicó: "La gente no odia lo suficiente a estos sicarios con credencial", busca la derogación total del Estatuto del Periodista Profesional (Ley 12.908), También el Gobierno modificó por decreto la reglamentación de la Ley 27.275, limitando qué se considera "información pública" y permitiendo al Estado negar datos bajo conceptos ambiguos de "seguridad" o "privacidad". y la lista puede continuar, pues, han sido un total de 216 agresiones registradas en los primeros 16 meses de gestión.
Esto no se trata sólo de críticas puntuales a coberturas específicas, sino de una construcción sistemática del periodista como enemigo. Conferencias sin preguntas, descalificaciones públicas, estigmatización en redes sociales y la instalación de la idea de que la prensa “miente” como regla general configuran un clima que erosiona la convivencia democrática.
Cuando el poder etiqueta a los periodistas como parte de una casta, cuando los señala como operadores o los expone desde cuentas oficiales, el mensaje no queda en el plano retórico. Se habilita un marco simbólico donde el cuestionamiento al poder deja de ser un derecho y pasa a verse como una agresión, eso es peligroso, pero no para los periodistas como individuos, sino para la ciudadanía que necesita información para decidir.
En ese contexto, lo sucedido con el periodista de A24 no puede analizarse como un hecho aislado ni como una excepción incómoda, porque es de manera explicita, parte de una lógica más amplia: la de un gobierno que eligió confrontar con la prensa como estrategia política, si el medio informativo miente, o está acomodado, eso quiere decir que no hay un debate limpio u honesto sobre lo que dice y hace el gobierno, por ende todo pasa como una fakenews. En cambio,lo que hoy sorprende a algunos es, en realidad, la consecuencia natural de un discurso sostenido en el tiempo.
¿Alguien se acuerda la entrevista Pre-grabada? En la cual, Milei le dice a el periodista, interrumpiendo, “No era que se pactaban las preguntas” , Jhonatan Viale responde, “Si, estás me las anoto Adorni, estás Karin Milei, estás Caputo…”, luego, hace una pregunta extra sobre el caso $Libra, en dónde comienza un breve momento de cuestionamiento entre Viale y el presidente, dónde el periodista le dice, pero sos el presidente, y Milei afirma que su cuenta pública y verificada de X es de uso personal, que no dice que es el presidente. Es allí cuando Caputo entra, frena a Jhonatan para que retome el hilo de la entrevista.
¿Por qué recordar esto?
Porque permite entender que el problema no empieza cuando un periodista es agredido, silenciado o presionado. El problema empieza mucho antes, cuando parte del sistema mediático acepta reglas que reducen el periodismo a una escenografía, una escena hermosamente ensayada, controlada por el poder.
Pero también es necesario señalar la otra cara del problema. Resulta llamativo que ciertos medios, entre ellos A24, se muestren alarmados recién cuando la confrontación los alcanza directamente. Durante meses, las descalificaciones hacia otros periodistas o medios fueron minimizadas, relativizadas o incluso justificadas bajo la lógica del “estilo” presidencial. La preocupación selectiva debilita el reclamo genuino por la libertad de expresión
La relación entre gobierno y prensa siempre será tensa; es sano que lo sea; El periodismo está para preguntar, incomodar y controlar. El poder, para rendir cuentas. Pero cuando la tensión se convierte en hostilidad sistemática, y cuando parte del sistema mediático reacciona solo en defensa propia o se vuelve aliado del poder que lo censura, verdaderamente el que pierde no es un canal ni un periodista en particular. Es la calidad democrática
Este suceso debería servir como punto de inflexión, en conjunto con todos los ocurridos, no para victimizarse selectivamente, sino para asumir que la libertad de expresión es un principio indivisible. O se la defiende siempre, o se la termina perdiendo por partes.
Escrito por Catalina Vitelli





Comentarios