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Chelovecos en Sala Formosa

Si lo periodístico debe empezar con un hecho noticioso, la noticia es ésta: la música cordobesa respira, es joven y venidera. El viernes 19 de septiembre, Chelovecos, trío cordobés, presentó en Sala Formosa su último EP, “Garita”, lanzado hace dos semanas.


Mientras una triste convocatoria iba tras los pasos del presidente Javier Milei en la ciudad de Córdoba, Chelovecos abrió su show cantando: En un país desierto, te ví correr tras la manada ciega del león. Esta letra pertenece al segundo single de la banda “Militantes del Yogur”, de 2023. La potencia de esa bienvenida me quedó resonando: ¿qué es la música si no es la denuncia en lo bello, lo político en lo bailable, lo imprescindible en lo efímero? Entre la sofisticada musicalidad de chelovecos, existe un piso político que resulta imposible no recalcar. No existe la música sin ideología, y la banda lo sabe; si no se habla, existe complicidad, o si se metaforiza demasiado te traga la tibieza. Italo nos grita en la cara: ¿Qué podrás imaginar de mí? si tan solo soy un militante del yogur. Esa denuncia, cargada de toda la ironía que caracteriza al rock, claro está.


Los teloneros rosarinos Ojos del panda, dieron la bienvenida a la noche mientras se iba agrandando la convocatoria de diferentes grupos etarios, aunque en su mayoría, jóvenes de mi edad. Haciéndome paso entre la noche de Güemes, entré a Sala Formosa mientras la banda entonaba un cover de Tu misterioso Alguien, Miranda, y Otra Fiesta, canción propia con la que cerraron su show: “¡Los dejamos con Chelovecos, gracias!” se despidió Lucas, el cantante.


A eso de las diez de la noche, el escenario se incendió en juegos de luces y una hora de show cargado de la guitarra magnética de Italo Liuzzi, el bajo de Fabrizio Petri que reflejaba u homenajeaba con cadencia al de Pedro Aznar, y una batería toda llena de groove y cambio rítmico de Galo Ingignoli, que crearon una atmósfera tan joven y fresca en sala formosa como aquella noche en la nos encontrábamos. Vestidos en composé de blancos y rojos y corbatas desalineadas, mientras que en el centro del escenario se erguía una pequeña gruta iluminada de aterciopeladas luces azules y rojas, como si David Lynch le hubiera rezado alguna vez al gauchito gil; a los costados, como sosteniendo a estos jóvenes erráticos de música, dos telares o pancartas con dibujos que en su base leían: “Estoy en la vera del río/y recostarme en el mar”.



Hilando y desarmandose en sus canciones viejas y nuevas, Chelovecos puso a esa masa de chicos a bailar y corear sus temas nuevos, así como también conjugó en un extracto nostálgico a esa juventud del pasado con un cover de Noche de Perros de Serú Girán.


Recordé como en la semana hablé con un amigo sobre un posteo de facebook de Rosario Bléfari que reza: Siempre tengo la sensación, de que cada momento es histórico, de ahí la importancia de estar en el presente, ir a recitales, encontrarse con amigos, leer escritores que viven, ir al teatro, ver las películas que se estrenan, escuchar los discos, hablar con las personas, recorrer la ciudad caminando, ir a una marcha, presenciar una sesion del congreso, hacer un tramite, ir al mercado, tener un proyecto y llevarlo adelante como sea, aunque alguien lo considere un fracaso, participar de lo que sucede, como sea, estar vivir lo contemporáneo, sin nostalgia, es lo mejor incluso para cuando nos pregunte alguien si tenemos algo que contar.


Las palabras de rosario se entretejieron entre esas guitarras y los pasos de baile de los chicos que me rodeaban: la importancia de vivir en el presente, la conciencia de hacer algo que trascenderá pero que también atraviesa nuestra vida, nuestro presente y nuestro cuerpo. A pesar del individualismo, la bronca y la indiferencia que circunda nuestro tiempo, aún existen estas personas que se unen y crean algo bello que convoca, que llena lugares de toda gente de mi edad, que canta canciones que escribieron chicos de mi edad y que encuentran poesía y canción en las calles que habitamos. Cómo no lo vamos a contar, ¿De qué se trata la vida si no es de aprehender la innegable experiencia del presente?



 
 
 

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Conducción x Arcilla 

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