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Crónica de una autenticidad brutal


¿En qué pensás cuando pensás en el mar? Yo pienso en Lara.


-Antes no funcionó el amor pero ahora con vos… tampoco. 


Las luces se apagan y el estribillo de Pinky estalla con toda por cada uno de los rincones de Sala Formosa. 


Creo que la breve descripción de ese momento del recital explica el universo Lara: las dos caras del amor -la dulzura inicial y su inevitable amargura-, combinada con la intensidad que caracteriza sus composiciones.


Letras sin anestesia, los sonidos análogos a los del océano -calmos e in crescendo hasta su punto máximo- son algunos de los detalles que definen su obra. A veces quilombo, a veces templanza.

Para quien no la conozca, Lara Artesi es oriunda de Buenos Aires aunque a partir de los 2000 vivió en Pinamar, una de las ciudades más turísticas de la Costa Atlántica. 

Sus raíces están bien marcadas en su piel; incesantemente, en entrevistas y en su mejor lenguaje -la música-, relata los pasares de una infancia y adolescencia atravesada por el estilo de vida “pueblerino”, sus amigos y sus amores, sus anhelos y sus dolores. En algunas ocasiones cuando ha sido cuestionada por sus orígenes responde directamente Pinamar, en un acto de confusión, según ella. Y es irónico, porque no es del todo un error: sí, Lara Artesi nació en Buenos Aires, pero muchas de las aristas que despliega como la Lara91k que conocemos hoy nació en el balneario, interesada por el surf, bandas incipientes de punk local, la pasión por el skate, y una puerta a experiencias musicales que la marcaron a fuego. Allí dio sus primeros pasos en la música, creando bandas con sus pares en la comodidad del anonimato que sólo una ciudad chica y nueva para vos puede ofrecerte.

Por supuesto, no pasa desapercibida la presencia del mar. No sólo en el sentido literal y físico de la playa, la arena y el agua; sino en su ser. En ella habita la fuerza de la contradicción entre la vastedad y la pequeñez, entre la libertad y las ataduras impuestas por el mundo que habitamos, entre lo incesante de las olas frente a la quietud necesaria que requiere el tomar impulso para renacer, volver a la orilla y empezar de nuevo. 


Pero vamos a lo concreto: Lara91k se presentó en Córdoba inaugurando su nuevo tour, y no en una fecha aleatoria: la cita fue el pasado 28 de agosto, día en el que hace 34 años atrás estaba naciendo. Ni más ni menos; el show ya estaba condicionado por un motivo más que especial. La hora pactada era a las 19hs, por lo que los preparativos para ese jueves comenzaron temprano, algo que sin saber, lamentaría un poco unas horas después. La tarde se mantenía templada, aunque el sol cordobés no perdona y castiga sin asco.

Las calles estaban repletas de gente, lógicamente, siendo hora pico en el centro de la ciudad, aunque yo se lo atribuyo a que el calorcito nos empuja a salir a buscar algo que nos motive a terminar el día con algo para contar. Mi motivo estaba claro: la fecha que llevaba esperando exactamente 31 días, desde que fue anunciada. Unos minutos pasados de las 17 me encuentro en la puerta de Sala Formosa, frente al Paseo de Las Artes en Güemes, junto con Selene, quien iba a acompañarme en la cobertura. Delante nuestro había apenas dos o tres grupos de personas. Entre charlas de la facu, tópicos de recitales y categorizando públicos de distintas bandas, las seis de la tarde comenzaban a asomarse y junto con ella la pregunta: ¿a qué hora abren las puertas? Ahí es donde nos enteramos que el show había sido corrido una hora más tarde, lo que prolongaba otros sesenta minutos de espera sobre la calle Achával Rodríguez. Una hora más, una hora menos… Los debates no cesaron en esa fila que lentamente se iba colmando de gente ansiosa por la misma razón, pero las siete llegaron y aún no teníamos novedades. Veinte minutos después, estábamos codo con codo en la valla, admirando los elementos del escenario: una especie de “perchero” en el cual reposaban guitarras y bajos; a la izquierda el teclado, justo al lado de la batería, mientras que en el centro estaba el micrófono principal. Con esa vista comenzamos acomodándonos para lo que prometía ser una noche interesante. Pero otra vez los minutos pasaron… Y Lara no salía. No voy a mentir, los resoplidos mutaron a las primeras quejas, sumado a un par de sentadas en el suelo vitales para poder seguir esperando enteras. Los pies nos clamaban piedad. En algún momento de la noche aparecían personas del equipo en el escenario, toqueteando consolas y moviendo cables, pero rápidamente desaparecían. Mientras tanto, de fondo nos acompañaba una particular selección de temas, tal es así que dentro mío suscitaron sospechas de que la playlist sea de autoría Artesi. 


-Es tan Lara todo. - nos dijimos resignadas.


Mediante los parlantes sonaba Sandro, Serú Girán, A$ap Rocky, e incluso algún tango que en este momento no puedo recordar. Sin dudas, la ensalada de géneros no daba lugar al aburrimiento por más imperante que parecía de a momentos; pero a veces no era suficiente. Entablamos conversaciones con una chica ubicada detrás nuestro, quien fuera luego la que nos mostraría las historias de instagram recientemente subidas donde se veía a Percii (guitarrista y productor imprescindible) e Ivo (bajista y hermano de Lara) festejando en el camarín junto con la cumpleañera. Nos reímos, ¿qué más íbamos a hacer? Como reza este Tango Feroz que sí recuerdo: el amor es más fuerte. Ahora sí el entusiasmo nos inundaba un poco más que el cansancio de estar paradas (¿dónde quedó la juventud?) y el tiempo parecía correr más rápido. De tal modo, pasados apenas quince minutos de las nueve de la noche, las luces se apagaron por completo y el primero en subir al escenario fue Ivo: de total black, su presencia se hizo notar de primeras; quizás por su altura o por su ochentosa melena. Detrás de él, Agustín se acomodó en el teclado mientras Percii cruzaba toda la escena para llegar a su guitarra. Por último, el batero tomó asiento en lo que Lara -sencilla y de gorrita como siempre, remera negra y un jean clarito- tomaba el micrófono para alzar las primeras palabras: “Buenas noches”. La frase habría continuado si no fuera porque al instante y al unísono, el público comenzó a gritar y cantar el feliz cumpleaños para ella, robándole una sonrisa de oreja a oreja. Poco después los primeros acordes de “Dear Rita” -segundo tema que abre su último disco “100pre Yoro”, con la colaboración de Dano- empezaron a sonar. Efectivamente, era una muy buena noche.

El setlist continuó con Reyes Magos, un breve tema de dos minutos y monedas que si te agarra en un día flojito de papeles te tumba la estantería; el desamor, una vez más, como puntapié de toda obra: “Dime cómo es esta vida cuando el amor se termina / No hay más tiempo y todavía van abiertas mis heridas”. Hablando desde la perspectiva de fanática que el ser fiel seguidora de Lara me confiere, pero agregándole la objetividad de opiniones que recolecté de todo aquel al que alguna vez le recomendé sus temas, me siento en condiciones de afirmar que lo que conmueve de su arte es la crudeza, el poner en palabras lo que a veces no es comprensible en ningún lenguaje más que el propio y que no siempre conocemos. ¿Cuántas veces sentiste algo que no sabías de dónde venía? Lara91k retrata la odisea de hundirse en los sentimientos palpables del corazón. Los nombra, sin muchos rodeos y sin metáforas, porque así son esas emociones: ásperas, reales, tajantes y a traición, como un balde de agua fría. Es honesta consigo misma y con lo que lleva dentro.

Luego suena la primera línea de “Agua Fishi” y el espíritu del lugar termina de levantarse; esto recién empieza. Así, tras una larga lista de hits -por fin oímos por primera vez “(T kiero mal)”, sencillo lanzado con AKRIILA-  tomó su guitarra criolla e inauguró una sección acústica con inéditas versiones: el infaltable cover de “Ivy” de Frank Ocean, “Pegaíta” -no sin antes advertir “ésta siempre nos sale mal en vivo”, lo cual no sucedió-, “Nube” y por último “Te me vas”, un corrido mexicano definitivamente sobresaliente de su último disco de estudio. 

Aunque los destiempos ocurridos y relatados en este texto puedan reflejar lo contrario, las expectativas que rodean cualquier puesta en escena suya son altas. No es sólo cantante; es, como dije al principio, un universo digno de explorar. Cada recoveco de su trabajo te lleva a otro, te encierra en un laberinto de oportunidades y sonidos ilimitados: atraviesa el trap, escupe dejos de R&B y todo sin perder cierta esencia popera. Si quien me lee se considera un oyente exigente de música -quizá como yo- valorará del artista en cuestión la oferta de algo más que sólo melodías; Lara es un diamante en bruto. Si buscás lo novedoso dentro del trap, letras que te abracen, producciones únicas, o si simplemente te interesa que los músicos tengan otras facetas artísticas: bingo, cartón lleno. Ella crea, produce, escribe, interpreta e incluso se vuelca a las artes visuales -por ejemplo, la tapa de “100pre yoro” es un cuadro propio- sin encasillarse en nada en particular. La autenticidad como bandera y religión. Quizás sea por eso que en los segundos finales de “Isla” anunció: 


-Me olvidé de decirles, pero éste es el último tema. Ya nos vamos.


Dicen que siempre todo está bien en el final. Y si no lo está, entonces no es el final. La banda completa se despide a pesar de las súplicas del otro lado del vallado; los vemos por el hueco del detrás de escena subir a los camarines, mientras que tímidamente se alzan los cánticos para pedir una más. Finalmente sus cabellos rubios se asoman en la oscuridad para sentarse por unos segundos en la batería, tocando por encima de uno de sus propios temas, pero eso fue todo. 

…O no.

La muchedumbre no abandonaba el lugar, nadie terminaba de irse del todo. Al parecer éramos varios con la sensación de que algo faltaba, sin caer en los típicos cálculos de duración del evento. Sin embargo, la perseverancia no me siguió esta vez. Al emprender mi vuelta a casa, Selene me avisa que vuelva, que desde la productora aseguraron que en breve saldría a saludar. Corrí las apenas seis cuadras que había caminado -haciendo balances internos, sintiéndome satisfecha pero a su vez no tanto- pensando que llegaba tarde para la frutilla del postre. Por suerte, esperamos tan sólo unos minutos más, hasta que por la puerta de Sala Formosa salió a recibirnos con la inmensidad que su calidez le otorga, charlando como una más del montón. Una chica le pregunta qué venía escuchando últimamente: 


-Estoy escuchando Magdalena Bay. (...) Tienen un discazo. La chabona es hija de argentinos pero vive en Estados Unidos. Medio cipayita pero… -ríe. 


Pronto se dispone a firmar fundas de celulares, sacarse fotos con todos y conversar un poco más. Un grupo de chicas le ofrece un traguito de vodka caliente, al cual accede sin muchos cuestionamientos. Creo que la bienvenida fue más que dada. En reiteradas oportunidades agradeció la buena onda y la paciencia, como así también los saludos por su natalicio. Daba a entender mediante gestos que valoraba el haberse sentido acompañada; me fue inevitable recordar cuando me acercaron su música y tuve la fortuna de sentirme de la misma forma. La primera vez que la vi en vivo fue en 2022, en la presentación de “Como Antes”, su primer disco. Algo encajó para siempre, nunca supe bien qué. Tal vez el sentimiento de pertenencia, de saber que había alguien ahí afuera a quien se le movía el corazón de formas similares a las mías. Pecando de absoluta subjetividad, creo profundamente que Lara91k representa un conjunto de elementos que nos hace humanos, pero que no por eso todos tenemos: alma, coraje, honestidad, sensibilidad y trascendencia. No cualquiera logra conmover. Esa noche de jueves, tan pronto se apagaron las luces, me volví a sentir igual. El círculo se cerró. Todo estaba bien.


Gracias, Lara. Gracias a la música por siempre guardarnos un lugar para habitar.


Crónica escrita por Paloma Díaz.

 
 
 

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Conducción x Arcilla 

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