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Cuando las luces bajaron, el alma explotó: Los Fundamentalistas en Córdoba

Nota del editor: a la fecha 5 de junio, pasados tan solo 13 días del último show de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en Jesús María. El Indio Solari falleció en su casa de Parque Leloir a los 77 años. Desde el Ancla, lo conmemoramos con esta crónica.


Imágen aérea del show de los FDAA en Jesús María.
Imágen aérea del show de los FDAA en Jesús María.

Hay noches que no tienen explicación. Se sienten en el pecho aunque pasen los días. Y lo que pasó este 23 de mayo en Jesús María fue exactamente eso: una de esas noches que dejan la garganta rota, el corazón lleno y el alma temblando después del último acorde.

La previa había arrancado mucho antes del inicio del recital. Desde rutas llenas de autos con banderas colgando por las ventanas, parlantes explotando ricota y grupos enormes viajando con esa mezcla de ansiedad, felicidad y necesidad de volver a encontrarse con algo que sólo Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado saben provocar. Sus tracks no acompañan solamente recitales: acompañan momentos de vidas enteras. Porque nadie va a un ritual fundamentalista solamente a escuchar música; se va a dejar la vida en cada tema.

A las 17:00 se abrieron las puertas del Anfiteatro José Hernández y el predio empezó a convertirse lentamente en un desfile de remeras gastadas con estampas que ya son bandera, flequillos sobre las cejas, humo, vino compartido y abrazos entre desconocidos que parecían conocerse desde siempre. Córdoba volvía a recibir una de esas noches donde el rock deja de ser un género para convertirse en identidad.

Damas y caballeros: Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado .

Cuando las luces finalmente bajaron, a las 20:30, el anfiteatro explotó. No hubo cuenta regresiva, bastó un “Damas y Caballeros, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado” para que una multitud entera se transformara en una sola voz. El ruido fue ensordecedor: miles de personas cantando al mismo tiempo, levantando banderas, abrazándose, saltando con lágrimas en los ojos y esa sensación imposible de explicar de estar viviendo algo mucho más que un recital. La primera canción, “El que la seca la llena”, cayó como un golpe al pecho, y desde ese momento nadie volvió a estar completamente en este mundo. Todo se volvió humo, luces, guitarras y corazones latiendo al mismo ritmo.

Desde distintos rincones se veía gente arriba de los hombros de sus amigos, parejas abrazadas llorando canciones completas y desconocidos mirándose como si se conocieran de toda la vida. En noches así desaparecen las diferencias, no importa quien sos ni de dónde venís, durante esas horas todos hablan un mismo idioma: el del rock.

Entonces pasa eso que solo generan aquellos sobre el escenario. Una especie de catarsis colectiva donde cada tema pega distinto: algunos desatan pogos interminables y hacen temblar la ciudad. Otros, en cambio, obligan a bajar la mirada, cerrar los ojos y cantar con un nudo atravesado en la garganta. Inevitablemente aparecen los recuerdos; amigos que no están, amores que quedaron atrás, versiones más jóvenes de uno mismo escuchando esas mismas canciones en cualquier lugar.

Por momentos parecía que el tiempo se detenía. Afuera seguía existiendo el mundo, las preocupaciones, el cansancio, la rutina, el reloj corría. Pero ahí adentro existían ellos, arriba del escenario, y miles de almas aferrándose a cada palabra como si fuera la última. Y quizás por eso emociona tanto encontrarse en estas noches, porque hay algo humano en compartir canciones con desconocidos que sienten exactamente lo mismo que vos, sin necesidad de decir una palabra.

Los Fundamentalistas volvieron a Córdoba y dejaron mucho más que un show. Dejaron otra noche marcada en el fuego de la memoria de cada uno de los que asistimos, una de esas noches que no terminan cuando se apagan las luces ni cuando el predio empieza a vaciarse poco a poco. Sin duda hay recitales que uno recuerda un tiempo, pero hay otros como este que se quedan viviendo para siempre adentro del pecho. “Las despedidas son esos dolores dulces”. (I.S) 

Una crónica escrita por Giuliana Loza.


 
 
 

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Conducción x Arcilla 

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