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Ecos de Mayo: ¿desde donde construimos la patria hoy?

De la Revolución de Mayo al presente, una reflexión sobre los pilares que sostienen nuestra identidad colectiva y los horizontes desde los que imaginamos el futuro

En la actualidad de nuestro país, nos vemos atravesados por la realidad de un gobierno que promueve el individualismo y pone en foco símbolos de presunta libertad. Los cuales, reducen la construcción de la idea de país a accesorios vacíos o reciclajes culturales al servicio de lógicas “cipayas” y funcionales al poder. Históricamente, el mes de mayo encarnó varios hitos renovadores del espíritu ciudadano y político. Estos mecanismos nos dejan pensando cómo hoy tenemos las herramientas en la sangre para reconfigurar lo tomado como propio y construir un futuro enraizado en lo nuestro.


    (imagen por: @viensusmiradas)
    (imagen por: @viensusmiradas)

Es por esto, que me parece  interesante  recuperar con qué huellas del relato la historia escrita quedó en deuda, revalorizando estos procesos colectivos. Retomar desde la crítica, características que pueden ser centrales en la tarea de repensar, el porqué de los límites de las tradiciones revolucionarias o su discontinuidad en el presente.   El primer gobierno patrio, conquistado el 25 de mayo de 1810, fue el resultado de una revolución que conllevo muchos años de lucha y procesos colectivos previos, para consolidar el proyecto de una nación libre y soberana. Sin embargo, no hay que dejar de lado la realidad: ese proyecto fue compuesto por una importante marcación de la otredad popular, cultural y mestiza. Rita Cegato, en una entrevista reciente, describió que: “la verdadera discriminación del argentino es contra el enemigo del estado, (...) el enemigo del proyecto estatal criollo”. 

Así es como podemos pensar en la forma en la que desde el comienzo de nuestra autonomía como nación argentina, se fueron eliminando en el camino ciertos relatos y vivencias colectivas. Hoy, las experiencias que nos unen en estas fechas patrias, muchas veces tienen que ver con costumbres originarias de esos pueblos subalternos. En nuestra ciudad de Córdoba, como conmemoración de la Revolución de Mayo,  se llevan a cabo locrazos y  peñas, donde el nacionalismo aesthetic queda de lado para generar un encuentro donde las costumbres populares resuenan en los intercambios que se dan entre familias y vecinos. 


    (imagen por: @viensusmiradas)
    (imagen por: @viensusmiradas)

Borges, en su “Oda escrita en 1966”, dijo: “La patria, amigos, es un acto perpetuo, como el perpetuo mundo”. Tres años después, entre el 29 y el 30 de mayo de 1969 estalló el Cordobazo, la revuelta estudiantil, obrera y sindical que fue duramente reprimida por la dictadura militar. Dichas jornadas revolucionarias, surgieron a partir de la concreción de una fuerza conjunta de distintos sectores, que decidieron movilizarse para defender el patrimonio nacional, el acceso a los espacios para la formación de los ciudadanos y la vida cotidiana de los obreros, que cada vez estaba más relegadas a los intereses de monopolios extranjeros.

El historiador Felipe Pigna, en su adaptación del libro “Lo pasado pensado”, nos trae a la discusión las palabras centrales de Agustín Tosco (principal actor del cordobazo y dirigente de muchos grupos que tuvieron un rol principal en el Cordobazo), que resumió el espíritu de esa generación en conflicto con lo burocrático, que encontró sus límites en la resistencia del pueblo a dejar de lado sus ideales y derechos conquistados;  Tosco declaró  en la “Carta sobre el Cordobazo” :

 “En las fogatas callejeras arde el entreguismo, con la luz, el calor y la fuerza del trabajo y de la juventud, de los jóvenes y viejos, de hombres y mujeres”. 

  (imagen por: @viensusmiradas)
  (imagen por: @viensusmiradas)

En mucho de lo que hoy nos mueve, el desafío está en generar espacios donde se construyan herramientas para defender la soberanía desde el encuentro. En esta época donde como personas comprometidas con nuestra herencia histórica  a veces se nos complica  pensar un futuro que no sea distópico; podríamos empezar por afianzar una percepción propia de nuestra representatividad que sea más justa y sincera con la diversidad y profundidad de nuestro conjunto.  Tal vez, el principio de autodeterminación como pueblo es la clave para vislumbrar la esperanza de un futuro que nos reconecte con el territorio y con la búsqueda de una identidad propia. 


Hace unos días, el popular equipo de fútbol cordobés, Belgrano, ganó una final histórica frente a River. A partir de este momento tan significativo para la comunidad cordobesa, la demostración de pertenencia por parte de los hinchas nos recuerda que, cuando la causa es común y la pasión facilita el encuentro, aún es posible que realidades diversas confluyan en una misma identidad. Habría que preguntarnos el por qué esta confluencia colectiva se habilita en el fútbol y al mismo tiempo hay una crisis generalizada en las organizaciones por la falta de participación política; creo que la respuesta no solo está en el clima de época que premia el individualismo, sino en nuestra desconexión con la propia historia e imaginación de un mundo mejor.

Lucrecia Martel, en su entrevista con Gelatina, toma el concepto filosófico de hiperstición (conjunto de discursos que producimos como época respecto de la época venidera) para fomentar la necesidad social de pensar un mundo que sea digno de ser vivido. Ojalá las patrias pasadas nos dejen pautas para empezar a pensarnos y generar acciones que enmarquen la construcción del camino hacia dónde vamos. Porque… ¿Cómo podríamos florecer como sociedad, sin antes tener tatuada en el corazón una patria que nos reconozca y proyecte nuestra identidad en el mundo?


Una nota escrita por Victoria Lihuen. 




 
 
 

2 comentarios


Muy buena reflexión , punto de vista y fotos!

Me da intriga como continúa 🫶muy buena Vicu

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Muy buena nota!

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