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EL CUERPO COMO TERRITORIO POLÍTICO: BABASÓNICOS PRESENTA SU ÚLTIMO DISCO.



Babasónicos lanzó su último disco de estudio el jueves 28 de noviembre, titulado “Cuerpos Vol. 1” y compuesto por nueve canciones. Descrito por ellos como obra totalizadora, el álbum se posiciona en el puesto décimo catorce de la discografía de la banda y despierta reflexiones sobre el mercado humano en el que nos vemos sumergidos día tras día. Fue presentado por primera vez el 6 y 7 de diciembre en el Estadio Ferro en Buenos Aires.


“Alguna noche como ésta nos van a venir a buscar, y vamos a haber salido de la trinchera, porque lo que viene es cuerpo a cuerpo”: así sentenciaba Adrián Dárgelos dos años atrás, durante el multitudinario recital en el Campo Argentino de Polo en la presentación de “Trinchera”, su -hoy- penúltimo disco. La frase generó revuelo entre los presentes, no sólo porque el frontman no se destaca por interactuar vastamente con el público, sino porque también en el entramado del clima social comenzaba a gestarse una tormenta de anticipaciones: las recientes elecciones presidenciales estaban impregnadas por el discurso avasallador del presidente electo, suscitando incertidumbre y miedo hacia varios sectores sociales, en tanto la amenaza de llevarse todo puesto -como vemos hoy con la ciencia, la cultura, la economía y la Argentina que conocíamos- se materializaba cada vez más. 


El lanzamiento de “Cuerpos, Vol. 1” resucitó aquellas palabras como premonición no sólo de nuestro presente a nivel país, sino también como adelanto de lo que venía tramando Babasónicos. El disco abre con “Tiempo off” -una oda a las relaciones plagadas por la impaciencia y lo inmediato-, seguido de “Revelaciones aparte”, “Maracuyá”, “Cocos”, “Advertencia”, “Miau”, “Labios Apilados”, “Mercado Blue” y “Mi propia música”. Por primera vez en vivo, debutó en el Estadio Ferro durante el primer fin de semana de diciembre, siendo uno de los shows más convocantes de la banda, quienes aprovecharon además para hacer un buen recorrido histórico por sus temas clásicos y devolver al setlist algunos olvidados, sumándole épica la tan esperada vuelta de Carca a la formación luego de sus problemas de salud. 



“Advertencia” fue el primer single perteneciente a esta nueva era, un tema de casi cinco minutos donde reza “rechazar lo que a vistas parece totalmente descabellado” en pos de encontrar una verdad común, de abandonar el hábito de mentir para seguir. Una letra atenta, eficazmente encargada de abrir los caminos hacia esta etapa, y acompañada por un riff dulce que guía los estribillos para atenuar su crudeza.


Por otro lado, el videoclip se cubre de mensajes susceptibles de interpretación: imágenes insistentes de un Dárgelos danzando siempre frente a tres cámaras, el plano de una de ellas y luego el plano total de la escena, mientras que por momentos un arbusto moviliza un matafuegos que lleva el título de la canción, para luego estallar sobre el final. Está claro: si de metáforas se trata, el conjunto no falla.


Cierto es, además, que ya son décadas de retratar imágenes fieles de época en líricas que trascienden cualquier paradigma. Lo vimos en “Miami” en los ‘90 (con un memorable Dárgelos llamando a cuestionar por qué los burgueses argentinos son tan cholulos), lo vimos en “Discutible” durante la pandemia, y lo vemos hoy en un nuevo formato de 33 minutos que nos propone conversaciones incómodas, destiempos, sonidos extraños, voces deformes y una coherente traducción musical sobre el mercado humano como la novedad de un sometimiento que nos convierte en objetos utilizables o descartables según el valor externo que se le otorgue a nuestro cuerpo, a nuestra identidad, a nuestro pasado, a nuestro lenguaje y a nuestra existencia, en el más total de los sentidos.


Nada de eso depende de nosotros ni de lo que somos verdaderamente. Todo lo que hacemos, decimos e incluso pensamos debe ser productivo y concreto, con un fin, y si éste es material, mejor. De esta forma, aumenta tu atractivo y más prestigioso es tu lugar en el bazar del ser: dime qué pretendes y te diré quién eres.

Lo genuino no vende, o al menos no más que una puesta en escena de autenticidad. Dárgelos denuncia que lo que cotiza en el “Mercado Blue” es el disfrazar de natural algo visiblemente influenciado por lógicas deshumanizantes que cambian constantemente, bajo una inacabable actualización que sí o sí debemos seguir para no vivir al margen del sistema.



Éste flamante orden se regocija de nuestros fracasos, lo que le sirve de excusa para rechazar y arrinconar lo distinto, es decir filtrar exitosamente lo que se sale de la norma. “Cuerpos” habla precisamente de abrazar esa posición outsider, de arraigarse en ese rincón al que se nos empuja. Es una obra rebelde, que no teme cuestionar los vínculos configurados bajo esta estructura -notable en “Miau”, el track seis: “Quiero que tengamos un asunto / sin caer en ser rehenes de un atado emocional” donde prevalece lo efímero como condición ante la posibilidad de algo sostenido en el tiempo- ni la creciente individualidad que comienza a habitarnos. Canciones como “Revelaciones Aparte” nos plantea pensar en la performance de vivir en términos temporales (“el futuro viene con un paquete de humillaciones por presenciar en primera fila”) para luego reflexionar: “Siempre hubo un pasado injusto / sólo que éste presente no se lo deseo a nadie / Puede que algunos la pasen bien / pero otro asunto es negarlo”, lo que conforma declaraciones de un Dárgelos incrédulo -e incluso enojado-  ante el mecanismo de la sociedad y su forma de llevarnos como rebaño hacia un lugar impredecible, insensible, falso y egoísta.


Estas sensaciones evolucionan a través del disco, puesto que si bien se frustra con la fragilidad del amor durante “Maracuyá”, encuentra consuelo en “Cocos”, donde elige abstraerse del bullicio ajeno para zambullirse en su interior fragmentado -”bastante tengo conmigo”-. Una vez reparado, reivindica que el ser outsider, lejos de significar marginalidad, permite en realidad ver la imagen completa y desde una perspectiva única. Por eso, “advierte” en el quinto track sobre nuestros sofisticados modos de mentir para mantenernos dentro del rebaño, las ingenierías para meter bajo la alfombra aquella singular batalla de la que todos escapamos. 


Sin embargo, más allá de las lecturas y profundizaciones que podamos hacer, es innegable que, fieles a su estilo, la banda deja su impronta si se trata del romance; nos convoca a discutirlo dentro de los márgenes comerciales, como quien acepta firmar las bases y condiciones contractuales a las que somos expuestos en el intercambio del existir. También nos quedamos cortos si lo que destacamos refiere sólo a la poesía y la construcción de una narrativa conceptual. La estética, con una tapa diseñada por Maximiliano Anselmo marca un rumbo. En esta ocasión, Babasónicos se da el lujo de experimentar ampliamente con todo tipo de sonidos y efectos, se distorsionan las voces y se juega con la puntualidad. 


No oímos lo imaginable, lo que convierte a este álbum en una suerte de búsqueda del tesoro. Es ideal para recuperar la costumbre de sentarse a escuchar un disco de corrido, completo y en orden, ya que lleva consigo la magia babasónica: cada vez que lo reproducimos, encontramos algo nuevo. 


Es un buen producto nocturno, donde la mezcla de synth pop y rock no pasa desapercibida, sino que nos convida de su sensualidad. Sigue una línea similar a “Trinchera”, pero no profundiza mucho más en ella, en su lugar explora su alrededor, como si efectivamente -cumpliendo con esos primeros dichos- ya hubiéramos salido de ahí. Los hi-hats en la percusión son un elemento que hace muchos años está presente en sus trabajos y guían el mood para encarar la canción, generando incluso atmósferas de minimal-disco, ya que logra atravesar desde sonidos elegantes y bailables a disruptivos y tensos. Las melodías están tan pulidas desde la producción, que la sensación final es la de darle un buen sorbo a un gran cóctel musical, donde todos los instrumentos se licúan sin perder sus esencias, por lo cual cada elemento se arma y deshace dentro nuestro, fruto de la combinación exquisita de la experiencia y la experimentación. 


 Por esto y mucho más, la banda lleva más de 30 años de vigencia y actualidad. No hay momento en el que miremos hacia atrás y Babasónicos no esté presente: algunas veces más ruidosos, otras sigilosamente, pero siempre ahí, como un actor social imprescindible para ser el espejo de lo que somos y no podemos ver, lo que pensamos y no decimos, o aquello en lo que no queremos ni pensar. 



Son décadas y décadas de sensaciones nuevas, de descubrimientos, de más aciertos que errores pero utilizando a éstos últimos como combustible hacia adelante, buscando incansablemente la distinción natural que implica el mantenerse de pie en la industria, siendo ésta un imperioso pilar dentro del mercado que tanto se denuncia aquí: dentro de los bordes de nuestra existencia, la música viene haciéndose toda igual. Reproducciones fantasma, números que definen el éxito o el ‘flop’, palabras vacías y fragmentos obligatoriamente virales en TikTok son algunas de sus estrategias para mantenernos como oyentes homogéneos; sin embargo, el conjunto ofrece la rareza como método desalienante, en un ambiente donde se premia la pertenencia, ellos optan por elevar esa exclusión.


Podemos verlo en “Mi propia música”, tema que cierra este primer volumen de Cuerpos, donde recita: “Somos un montón de gente / sea lo que sea que eso implique”, bancando la parada en una balada donde se sostiene que no hay una sola verdad para todos, sino que cada uno la construye en su soledad, en su disfrute y en sus miserias, que nada viene con un manual de instrucciones y mucho menos nuestros modos de atravesar la vida, ya que nuestra experiencia en el mundo va más allá de lo que podamos vender y comprar.


La instantaneidad del hoy nos precipita a dos caminos: adentro o afuera; Babasónicos sienta campamento fuera, lo vuelve un lugar acogedor y una reliquia personal de la que sentirse orgulloso. No hacen temas para sonar en la radio, no buscan un reconocimiento material, simplemente son genuinos con su creatividad, no temen a sus deseos y a sus consecuencias. Eso es construir tu propia verdad, y es lo único que no tiene precio. Vivir la vida que uno quiere es impagable, pero ser lo que uno es sin tapujos también. 


“La música no tiene un mensaje para dar” -decían durante la época de Infame en 2003-, “...Y sin embargo te lo da”. Y claro que así es. En estos tiempos que corren, donde pocos levantan la voz por otros y donde pocos crean para plasmar emociones, el no decir nada también es decir: la música es un arte inédito, nos acompaña y nos comprende, nos hace verbalizar cosas inauditas, entonces ¿cómo dejar pasar la oportunidad de conmover?


Una vez más, traen a la mesa un plato difícil de digerir. Ambiciones baratas, individualistas y efímeras es a todo lo que nos dicen que podemos aspirar. Este último proyecto nos hace salir a pelear y a no perder nuestra propia música, a sostenernos entre nosotros a pesar del atropello, a reconocer la ventaja de vernos afuera, porque al final, la advertencia siempre está ahí si leemos el letrero rojo. 


 
 
 

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