El recambio generacional en el hockey argentino: las dos caras de la moneda
- El Ancla, en Centro de Medios

- 4 may
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Los recambios generacionales suelen explicarse de forma simple: jugadoras que se van, otras que llegan. Pero en el alto rendimiento, casi nunca es tan sencillo. Y entre 2022 y 2025, el presente de Las Leonas, la Selección Argentina de Hockey, volvió a confirmarlo.

Por un lado, una nueva camada comenzó a consolidarse y a generar expectativas. Nombres como Valentina Raposo, Lara Casas o Zoe Díaz pasaron a representar una generación que aporta intensidad, dinámica y una rápida adaptación a la exigencia internacional. El recambio dejó de ser una proyección para ser una realidad en desarrollo.
Pero todo proceso de renovación tiene otra cara. Y, muchas veces, es la que menos se ve.
Desvinculaciones y polémicas
En ese mismo periodo, 2023-2025, jugadoras con recorrido y peso dentro del seleccionado nacional, como Agustina Albertario y Delfina Merino, quedaron fuera del equipo en contextos que generaron debate. No solo por las decisiones deportivas, sino también por las formas en que fueron comunicadas.
En el caso de Albertario, fue ella misma quien dio detalles sobre el momento en el que le informaron que no iba a ser tenida en cuenta en convocatorias futuras. Según relató, la conversación se dio de manera directa pero cargada de tensión: “ (el entrenador) Muy nervioso me dijo que no me iba a tener más en cuenta. Le pedí un motivo, pero lo único que me dijo fue que no era por rendimiento, sino porque quería probar nuevas delanteras”. La delantera también dejó ver su desconcierto ante la situación: “Hace 15 años que estoy, no me boludees. Si me quieres sacar, te pido que me lo digas ahora”.
Por su parte, Delfi Merino se expresó públicamente después de quedar afuera de una convocatoria clave. En su descargo, cuestionó tanto la decisión del cuerpo técnico como la manera en la que se llevó adelante: “Me duele y no entiendo que siendo una de las capitanas (...) ninguno me haya advertido que no estaban conformes con mi desempeño deportivo”. En esa misma línea, criticó aún más las formas en que se comunican estas decisiones: “Estoy convencida de que los modos y las formas en las que se comunican decisiones de tal magnitud deben modificarse en forma urgente”. Incluso describió el momento en que recibió la noticia, en una escena donde expone el impacto personal del proceso: contó que fue apartada “con las canilleras puestas y el protector bucal en la mano”, y que irse del Cenard de esa manera “le dolió”.
Más allá de sus diferencias, ambos casos coincidieron en un punto: el recambio no solo se jugó dentro de la cancha. También se construyó en los vínculos, en las decisiones y, sobre todo, en las formas.
El recambio dentro de la cancha
Mientras tanto, dentro de la cancha, el equipo atravesó un proceso de reconfiguración. La nueva generación no solo aportó energía, sino también una forma distinta de jugar: más dinámica, más intensa, más directa. El desafío pasó por sostener la identidad competitiva que históricamente caracterizó al hockey argentino mientras se construye algo nuevo.
Ese equilibrio no fue inmediato. Hubo momentos de ajuste, de irregularidad y de búsqueda. Pero también hubo algo que se mantuvo: Argentina siguió compitiendo al más alto nivel.
Quizás por eso este recambio generó tantas repercusiones. Porque no solo fue deportivo. Las formas en que se dieron las salidas de históricas jugadoras invitan a reflexionar sobre todo el proceso: lo que implica cambiar, lo que se gana, pero también lo que se deja atrás.
El recambio generacional no fue solo una transición. Fue un punto de tensión: entre un futuro que empezó a tomar forma y un pasado reciente que se lleva con él un pedazo de historia.
Y en ese cruce, el hockey argentino volvió a enfrentarse a uno de sus desafíos más complejos: transformarse sin perder lo que lo llevó a estar entre los mejores del mundo.
Una nota escrita por: Amira Abdon





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