Entre la política y la pasión: la camiseta de la selección colombiana se convierte en el epicentro de la batalla presidencial
- El Ancla, en Centro de Medios

- 16 jun
- 3 min de lectura
El candidato de derecha Abelardo de la Espriella adoptó el uniforme oficial como atuendo de campaña y desató duras acusaciones de la izquierda y el lamento de la Federación
Colombiana de Fútbol a días del debut mundialista.
A escasos días del inicio de la Copa Mundial de Fútbol masculino, el tradicional mar amarillo de los aficionados llenó las calles de Colombia. Sin embargo, la histórica movilización ciudadana no tuvo como objetivo alentar a la selección nacional, sino expresar afinidades políticas frente a la urnas. De cara a las elecciones presidenciales en el país, miles de votantes acudieron a los centros vestidos con la camiseta tricolor en una demostración de fuerza y una maniobra para eludir las leyes que prohíben el uso de ropa de campaña en los puestos de votación.
El artífice de la estrategia fue el candidato presidencial de derecha Abelardo de la Espriella, quien instruyó a sus seguidores a usar la emblemática camiseta durante los últimos días de su campaña impulsado por un discurso nacionalista centrado en “defender la patria” frente al resurgimiento del conflicto armado, el narcotráfico y los grupos ilegales. Así, De la Espriella logró avanzar a la segunda vuelta electoral que se disputará a finales de junio. Además, su campaña recibió un fuerte espaldarazo internacional al confirmarse el respaldo del presidente estadounidense Donald Trump.

El candidato, un abogado penalista, acostumbrado a los trajes a medida, encontró en la camiseta una herramienta para reinventarse como un hombre del pueblo. Frente a esto, la respuesta de la oposición no se hizo esperar. El senador de izquierda Iván Cepeda acusó formalmente a De la Espriella de “robarse la camiseta nacional para obtener beneficios políticos”.

El fútbol polarizado
La polarización saltó de los discursos de campaña a la infraestructura del propio equipo de fútbol. El primero de junio en las inmediaciones del estadio El Campín de Bogotá -donde la selección disputaba un encuentro amistoso contra Costa Rica-, simpatizantes que marchaban a favor del senador Cepeda rodearon el autobús oficial del equipo y bloquearon su paso cubriéndolo con volantes de campaña hasta que la policía intervino para despejar la vía.
Este fenómeno no es ajeno a la región: al apropiarse del uniforme nacional De la Espriella replica una fórmula ya vista en América Latina. Colombia cuenta con su propio antecedente, dado que el expresidente Juan Manuel Santos también utilizó la prenda en 2014 para intentar cohesionar el apoyo popular en torno al controvertido acuerdo de paz con la guerrilla. Otro ejemplo en el continente es el caso de Brasil, donde el expresidente de extrema derecha Jair Bolsonaro utilizó la camiseta verdeamarela en sus campañas de 2018 y 2022, provocando que muchos aficionados liberales dejarán de usarla por temor a ser confundidos con sus seguidores.


En este contexto, la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) emitió un comunicado sobre la situación: “Lamentamos profundamente que la camiseta de la selección de Colombia, que simboliza la disciplina, el deporte, el trabajo en equipo y la capacidad de nuestros jugadores y jugadoras, sea malinterpretada o sea objeto de controversias ajenas a la gloria deportiva”. Además, la institución destacó que “carece de facultades” para regular el uso que los ciudadanos dan a la prenda.
Para analistas como Daniel Alarcón, periodista peruano- estadounidense y co-presentador de un podcast sobre la copa mundial, este tipo de apropiaciones genera una pérdida de identidad colectiva. “Cuando te pones la camiseta de la selección nacional, siento que todos están celebrando su propia visión personal de cómo desearían que fuera el país una vez que un símbolo nacional como ese se asocia con un partido político u otro. Creo que se pierde algo”, advirtió.
Mientras el debate se recrudece en internet y en las calles, la selección colombiana última detalles para viajar a su cita mundialista en México y Miami, tras haber quedado fuera de la cita del 2022. El debut deportivo está programado para el 17 de junio contra Uzbekistán, en un ambiente donde el balón compartirá irremediablemente el protagonismo con la política.

Cande Giaimo





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