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Feria de editoriales independientes Tilde: un pequeño timón que cuestiona el espacio

La quinta edición de la Feria de editoriales independientes Tilde abrió sus puertas el pasado sábado 11 y domingo 12 de abril. En el interior del Centro Cultural Córdoba, editoriales de todo el país coparon el espacio de hormigón y, entre las columnas, desplegaron una amplia flota de mesas repletas de libros. Libros que, alejados del acotado foco luminoso de las grandes corporaciones, cantan como sirenas por la atención del lector desorientado. 


Una de las personalidades invitadas fue Elvira Hernández, quien aportó un muestrario de su obra poética
Una de las personalidades invitadas fue Elvira Hernández, quien aportó un muestrario de su obra poética

Hay algo seductor en la Tilde. Hipnótico. Desorientador. Donde sea que se ponga la mirada, solo se encuentran caras sonrientes. Rostros cortados, disonantes, diferentes: Hogareños. Es difícil no sentirse parte de una gran tripulación allí dentro, en compañía de una variopinta agrupación de desconocidos, reclutados por el canto hipnótico de la literatura. Igual de disonantes son los libros que reposan ordenados sobre los escaparates: lejos quedó la función que precede a la forma, característica del diseño sobrio y eficiente que manejan las grandes editoriales. Las portadas de las editoriales independientes parecen combativas por antonomasia, como si su mera existencia fuese un terreno de combate. 


Las editoriales

120 editoriales dijeron “presente” en esta quinta edición de la feria, celebrada anualmente. Son editoriales oriundas de todo el país, cada una con su propia visión, criterio y bandera a la hora de presentar su catálogo.

“Tenemos un punto de vista distinto sobre el hacer de los libros, que incluye a la literatura, más allá del objeto libro, y el arte puesto en juego en ese objeto”, cuenta Martín, de la editorial Contramar (@contramar_editora en Instagram). Oriundo de la patagonia, Martín cree en la necesidad de un espacio exclusivo para editoriales independientes. “De esta forma, te encontrás con voces que no están en el mercado”, continúa diciendo, “nosotros, como voces que no están sujetas a dinámicas de mercado como otros actores, necesitamos estos espacios para desarrollarnos, contrario a ferias multitudinales donde tenemos que ir a competir con actores que tienen otra capacidad financiera o de tirada”.

Sin embargo, Martín remarca la necesidad de las editoriales independientes de disponer de estos espacios en tanto “articulaciones necesarias” dentro del universo literario. Martín agradece poder disponer de un contexto para salir al encuentro con otros editores, y así intercambiar experiencias que finalmente nutren el hacer.  


Martín en el stand de Contramar
Martín en el stand de Contramar

La filosofía de la editorial Contramar termina de cobrar sentido cuando se le añade el último ingrediente: la concepción de lo federal. “Es algo un poco anacrónico, porque retoma una visión del país heredada de hace más de 100 años”, explica Martín al respecto, pero aclara que la expresión “sigue vigente, porque seguimos siendo un país profundamente centralista, con los ojos puestos en la cultura del centro neurálgico de Buenos Aires”. El editor expresa que siente la necesidad de jerarquizar los puntos de vista de la literatura argentina, añadiendo la palabra de personas que habitan, escriben y editan desde el interior del país. “De hecho, pasa que la aspiración más grande de muchos autores del interior es justamente ser publicados en Capital”, narró, y comentó que eso lleva a la editorial a cuestionar el rol del público literario del interior, su potencia, y los espacios de intercambios allí presentes. Finalmente, resume que la filosofía de Contramar “tiene que ver más con ese reflejo, esa cosa dialéctica, aquel centro que no logramos terminar de desarmar en nuestro país, que con una concepción específicamente federal”.


¿Y las historietas?

Navegar entre los ríos de gente de la Tilde permite encallar en diversos puestos, cada uno con su propia filosofía estética y editorial. La historieta es uno de esos ámbitos quizá relegados a un plano distinto al netamente literario, por lo que es loable que encuentre su espacio en espacios como la Tilde. 

Es así el caso de Loco Rabia e Historieteca, que compartieron un stand enfocado exclusivamente en el ámbito historietil. Detrás de una fortaleza de historietas, con torres y murallas desplegadas alrededor del mostrador, se encuentra Mariana, guardiana de la fortificación. “Particularmente en este momento, es importante poner en relevancia las editoriales independientes, contrario a las hegemónicas”, comienza a contar, “contrario a espacios más grandes, como la Feria del Libro Buenos Aires, en Tilde se da la oportunidad de conversar cara a cara con el editor, y conocer qué se edita, qué nuevos autores circulan”.


“Para mí, lo más importante es que en estos dos días se logra un shock, una pequeña muestra de editoriales independientes, una inyección de cultura”, sintetiza. 


Exposición de Loco Rabia e Historieteca
Exposición de Loco Rabia e Historieteca

Un encuentro con la literatura

No sería un verdadero encuentro literario si no existiese también la oportunidad de encontrarse con los autores. Hubo varios invitados especiales, entre los que se encuentra Elvira Hernández, ganadora del premio Nacional de Literatura en Chile, su país de origen.


La obra de Hernández está fuertemente ligada a la dictadura de Augusto Pinochet; el grueso de su obra fue escrita bajo la clandestinidad, siendo Argentina el primer país donde se publicó oficialmente. Dentro de su amplio trabajo se encuentra “La bandera de Chile (1981)”, su obra magna. La autora fue entrevistada por Cecilia Pacella, doctora en Letras Modernas y docente en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. 


El encuentro se dió en el interior del auditorio del Centro Cultural Córdoba, y luego de una breve presentación de la autora, esta se dedicó a recitar una selección de su obra. 

“Voy a empezar por La bandera de Chile, libro que no se pudo publicar en mi país, y que fue publicado por primera vez acá, en Argentina”, contó la escritora. Aquel libro de poemas fue especialmente dificil de escribir para la autora, debido al contexto marcial que reinaba en Chile. “Fue como si las palabras se hubiesen hecho polvo. Nuestra sociedad cambió de forma estrepitosa y radical; el lenguaje quedó amordazado”, rememora Hernández sobre aquel episodio de la historia chilena. “Hablábamos en cuchicheos, era muy difícil hablar en la vida cotidiana”, recordó. La atmósfera opresiva que asfixiaba la Tierra de poetas estresaba a la escritora, y sobre esto confesó que su obra magna fue escrita tras una circunstancia crítica. “En aquel momento, pensé que sería lo primero y lo último que escribiría, porque lo escribí apenas salí de una cárcel clandestina”, contó y finalizó contando que la idea detrás del poema era “vencer esa sequedad de las palabras, de poder tener un ritmo distinto, estar a la luz de la palabra”.


Finalizando el conversatorio, la autora sinceró: “No creo que escribir sea un acto personal; el movimiento de las palabras viene de muchos lados, viene del habla que uno no sabe cómo capturar”.


Elvira Hernández, recitando “La bandera de Chile”
Elvira Hernández, recitando “La bandera de Chile”


Las palabras de Elvira resuenan en Tilde. Todos contribuyen, a su manera, al esfuerzo colectivo de la literatura. Todos son miembros de esta gran embarcación, cuyo esfuerzo mancomunado resulta en un arte variopinto y colorido, nutrido por artistas de una amplia variedad de lugares de origen. Tilde, esencialmente, es una unión entre los márgenes. Márgenes alejados del centro: un imposible choque de líneas paralelas, unidas en un mismo tiempo y espacio, en cuyo eje se encuentra el amor po la literatura. Amor por hacer, por leer y por intercambiar textos de sabores únicos, cuya fortaleza se encuentra en esa paradójica emulsión de ingredientes heterogéneos.


Timones y navíos de papel

Recientemente, la escritora argentina Samantha Schewblin recibió el máximo galardón de la edición inaugural del Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana; un prestigioso certamen literario, que la premió por la escritura de su libro “El buen mal”. 

Luego de recibir el premio, la autora dirigió unas palabras de agradecimiento, y además observó el estado general del mundo, remarcando la importancia de celebrar la literatura, incluso mientras el mundo a nuestro alrededor parece caerse a pedazos. En su discurso, por demás interesante, llamó la atención un pequeño fragmento donde Schewblin comparó el arte narrativo con un “minúsculo timón”, en un buque inmenso. La autora explica que incluso si no alimenta a los famélicos ni salva vidas de inmediato, permite a la humanidad salvar la distancia entre continentes, a través de la empatía y la conexión con los demás.


“En estos tiempos donde la cultura se toma como un gasto, nosotros estamos acá para apostar por el arte, por la literatura”, comienza diciendo Marcelo Rodio, presidente de Agencia Córdoba Cultura, en el interior de un auditorio del Centro Cultural Córdoba. Sobre la feria desplegada en el exterior del auditorio, bajo el manto de hormigón que viste al Centro Cultural, expuso: “Acá están las editoriales que ponen el hombro todos los días”.


Y quizás sea cierto. Quizás sobre una negra marea predatoria, que se alimenta de los espacios físicos e intelectuales que no producen un resultado económico cortoplacista, el pequeño timón de la literatura se erige, en ferias como Tilde, como un ascua que alumbra el camino y con la que tal vez, solo tal vez, atravesemos este océano en tinieblas.


Una nota escrita por: Ignacio Perotto



 
 
 

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