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HECHA LA LEY HECHA LA TRAMPA


Hecha la ley, hecha la trampa. Es simpático ese dicho que condensa viveza criolla, picardía, rebusque, y todo lo que en su medida justa aparece en el imaginario tan extendido de argentinidad. Es vergonzoso que ese dicho hoy refleje el accionar del presidente de la Nación.


Hay en nuestro país una rutina constitucional que prevé herramientas para que el poder ejecutivo se oponga a leyes sancionadas en el Congreso. Pero el veto, comodín predilecto de la gestión libertaria, aparentemente no alcanza. Hay un nuevo mejor amigo de Javier Milei que trastorna el circuito democrático: los decretos que oficializan y suspenden leyes simultáneamente.


La Ley de Financiamiento Educativo, la Ley de Emergencia en Pediatría y la de Emergencia en Discapacidad fueron las primeras víctimas de un decreto tramposo. Según dicen, los proyectos no especifican su fuente de financiamiento, de manera que se suspende su aplicación. El Jefe de Gabinetes no puede reasignar partidas del presupuesto, así que se suspende su aplicación. Ponen en peligro la estabilidad macroeconómica, así que se suspende su aplicación. Todos argumentos hiperflexibles si se trata de medidas afines al gobierno.


Hasta hace pocas semanas, Guillermo Francos tenía la potestad de redistribuir 12 millones de pesos para reimprimir boletas sin la cara de José Luis Espert, ex-candidato de La Libertad Avanza vinculado con el narcotráfico. El Poder Ejecutivo considera que trece viajes de Milei a Estados Unidos durante su gestión no alteran el orden macroeconómico. Y, por supuesto, no es necesario investigar el orígen de los fondos del 3% de coimas de las que se acusa a Karina Milei.


Más allá de la hipocresía, lo que prende todas las alertas en este nuevo modus operandi es la pérdida en la capacidad de respuesta. Un veto puede ser rechazado en el Congreso. Un decreto que sanciona la ley para negar explícitamente su cumplimiento deja pocas opciones. La calle. La judicialización. La fe ciega de los que decían “el Congreso no lo va a dejar hacer eso”. 


Parecería que de más está decir que una ley sancionada debe cumplirse, pero hace casi dos años Argentina se guía por una nueva constitución: el déficit 0 y el dios mercado. Sus poderes son inmunes a los acuerdos democráticos y habilitan una insólita matemática. Con el toque de su varita mágica reduce todo a numeritos, a porcentajes y precios. Casi nos hace creer que detrás de eso no hay nada, que ese cero manchado de sangre no se logra a costa de la vida de los argentinos. 


Cero obra pública, cero inversión en hospitales, cero escuelas construidas. ¿Dónde está esa plata “ahorrada”, sino en las pensiones y prestaciones por discapacidad? ¿Dónde sino en las instalaciones del Garrahan y su personal sobreexplotado? ¿Dónde sino en el bolsillo hambriento de los docentes, investigadores, estudiantes? 


La crueldad avanza en formas cada vez más innovadoras, pero nada es para siempre. Mientras tanto: la calle, la marcha, las urnas. 


Por Milena Pularello

 
 
 

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Conducción x Arcilla 

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