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La discapacidad no es invisible, es incómoda

El miércoles 22 de abril la Plaza San Martín se convirtió en el escenario de un reclamo que crece en silencio. Familias, trabajadores de la salud y organizaciones se concentraron para visibilizar la crisis del sector y exigir la plena vigencia de la Ley de Emergencia en Discapacidad.


Ph: Gabriel Polanco
Ph: Gabriel Polanco

No se trata de una movilización aislada: los centros de día y educativos terapéuticos se encuentran en alerta permanente e instan a la sociedad a seguir de cerca las convocatorias que se repiten ante cada nuevo recorte. Es fundamental estar atentos a los avisos de estos centros, ya que la lucha se mantiene activa más allá de una jornada puntual.


La postal de la marcha fue un choque de realidades. Caía una lluvia leve, esa que a cualquiera le daría la excusa perfecta para refugiarse. Pero ahí estaban: familias, profesionales y personas con discapacidad, sosteniendo paraguas con una determinación envidiable. Se podía ver a madres cubriendo las sillas de ruedas con plásticos improvisados mientras seguían protestando. A pocos metros, la gente pasaba de largo o miraba desde los bares con los brazos cruzados, como si la discapacidad fuera un espectáculo ajeno o un problema que no les toca. Es un error común de nuestra generación pensar que la vulnerabilidad es algo que siempre le pasa a "otro".


En la calle se jugaba algo profundo, un contraste difícil de ignorar mientras el resto del mundo parecía seguir girando en lo de siempre. A veces, el ruido cotidiano impide ver que a pocos metros se pelea una batalla por lo que nos hace humanos. Caminando entre los bombos, Eduardo, del Centro Enlaces de Villa Carlos Paz, aportó una mirada cruda: "Estamos viviendo un retroceso de 200.000 años", explicó, señalando que la paleontología demuestra que ya el hombre de Neandertal cuidaba a sus miembros con discapacidad. Para él, si como sociedad permitimos que el colectivo más vulnerable sea violentado, lo que está en juego es nuestra propia condición humana.


Ph: Gabriel Polanco
Ph: Gabriel Polanco

Esa urgencia se encarna en historias como la de un padre que sostenía un cartel por su hijo de 6 años con autismo. No habló de leyes ni de presupuestos técnicos; habló de su hijo y de la angustia de perder su escuela o sus terapias. Con una honestidad brutal, confesó: "Ni siquiera sé bien el monto de la pensión porque no estoy metido en la política, estoy metido en la lucha por el día a día".


La realidad del sistema es compleja e imperfecta. Profesionales del centro Incluir Incluidos advirtieron que la falta de masividad es también un problema de comunicación y agotamiento: "Muchos no se enteran, la información no llega". Mientras el transporte falla y los chicos faltan a sus terapias.


Ph: Gabriel Polanco
Ph: Gabriel Polanco

El redactor de esta nota forma parte de las familias que marchaban en la Plaza San Martín debido a su cercanía vincular con la causa. Viendo a los niños y a sus padres reunidos bajo el desamparo de la lluvia mientras algunos señores miraban el evento desde sus mesas de café se vuelve claro que la discapacidad no es invisible, sino incómoda. Mientras la sociedad y los actores políticos no abandonen su rol de espectadores para transformarse en activos defensores de los derechos conseguidos, el gobierno tendrá el poder y la legitimidad para seguir recortando como se lo proponga. 

No hace falta ser un experto para entender que una sociedad que deja atrás a sus integrantes más vulnerables ya perdió su norte. 


La próxima vez que haya una convocatoria, tendrán que ser cada vez más y más familias y ciudadanos. Cuando miras a los ojos a un padre que lucha por preservar el futuro y bienestar de su hijo comprendés que no hay nada más urgente, ni más humano, que defender uno de los más importantes derechos redactados: una infancia digna y feliz. 


Una nota escrita por Dylan Gabriel Polanco.


 
 
 

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