LA MASACRE DE RÍO Y EL CINISMO DE CLAUDIO CASTRO
- El Ancla, en Centro de Medios

- 1 nov 2025
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La Operación Contención, con más de 132 muertos, no fue un incidente de seguridad, sino una decidida puesta en escena política. El gobernador derramó un río de víctimas inocentes en función de los valores del Partido Libertario.
El pasado 28 de octubre, el gobernador de Rio de Janeiro, Claudio Castro, emprendió un operativo que se tornaría histórico en lo que respecta al uso de la violencia institucionalizada en el país. Bajo el objetivo de capturar a las autoridades de la organización criminal más importante de la región y con la participación de más de 2500 miembros de la policía, se llevó a cabo una masacre sin precedentes en los complejos de Penha y Alemão. El acontecimiento dejó decenas de heridos, 80 personas detenidas y 136 fallecidos -4 de ellos eran policías-.
Lo sucedido en Rio de Janeiro es tenebrosamente antidemocrático. Una vez más, nos encontramos frente a las autoridades gubernamentales haciendo un uso injustificado y aberrante de las fuerzas de seguridad. ¿Qué podría llegar a explicar la implementación excesiva de la violencia como política de estado?
El objetivo del Operativo Contención era ejecutar órdenes de captura a los líderes del Comando Vermelho y contener la expansión de las facciones criminales. Este grupo, además de ser una importante organización criminal, domina la región de las favelas hace décadas y el gobierno no consigue recuperar su jurisdicción en la zona.
Cabe preguntarnos qué tan eficiente puede ser combatir el crimen organizado exclusiva y puntillosamente en las favelas. Probablemente las máximas dirigencias del Comando Vermelho ni siquiera viven en estas regiones. Más bien, este pareciera haber sido un intento por confundir a la población con un megaoperativo de alto impacto cuyos resultados podrían llegar a parecer “provechosos” ante la mirada de algunos.
¿Quién es Claudio Castro?
Claudio Castro no es solamente el gobernador del estado de Rio de Janeiro y la autoridad que ordenó la concreción del operativo. También, afirma ser quien se enorgullece por los resultados de estos últimos días y quien está dispuesto a hacer lo necesario para dar batalla a esta “guerra contra el crimen organizado”, como bien dijo en una ronda de prensa.
Castro pertenece al Partido Liberal (PL), misma agrupación política a la que Jair Bolsonaro se uniría en 2021 para emprender su segunda campaña presidencial. El PL es producto de una fusión de diversos intereses políticos que más tarde, con la afiliación de Bolsonaro, giraría pronunciadamente a la extrema derecha.
Entendiendo que el actual presidente de Brasil, Lula da Silva, es un integrante del Partido de los Trabajadores (PT), la tensión política entre ambas figuras se acentúa cuando pensamos en el conflicto que surgió después de la Operación Contención.
Castro instaló un debate entre las interpretaciones de las autoridades respecto al operativo que desató una guerra de versiones. El gobernador insistió en que la ayuda que solicitó fue denegada por parte del presidente, cuando Lula da Silva más tarde declaró no haber tenido ningún tipo de conocimiento previo respecto al megaoperativo. Si bien Castro luego se desdijo, la poca claridad en el asunto fagocita un clima de incertidumbre que se instala en los protagonistas de este relato: las víctimas. Pareciera ser que las vicisitudes en el relato de Castro son la cortina de humo mediática diseñada para desviar la atención del hecho irrefutable: la matanza fue una decisión política con un costo humano brutal.
Las voces de las favelas
En diálogo con El País, una residente del complejo de Alemão afirma que no le interesan las operaciones policiales porque no vienen con respeto ni con una honesta lucha contra el crimen. “El Estado nos abandonó hace mucho tiempo, y nos abandonaron una vez más en esta matanza. Dejaron los cuerpos tirados en el bosque”. Los vecinos tuvieron que salir a buscar a los fallecidos para llevarlos a la ciudad y que así las familias se acercaran a descubrir que alguno de ellos ya no estaba. ¿Puede afirmarse entonces que el operativo fue en consideración de los vecinos y sus derechos?
En otra entrevista para el mismo medio, una mujer del complejo de Penha declaró: “No queremos ninguna explicación del Estado, porque no hay explicación para la masacre”. Las imágenes de lo que dejó el operativo son desgarradoras, y basta ver los cuerpos sin vida dispuestos uno al lado del otro para preguntarse si alguien de las favelas involucradas podría agradecerle a Castro por el megaoperativo.
Lo que no podemos dejar pasar
Los complejos de Alemão y Penha fueron los escenarios de este cínico megaoperativo que trajo consigo a un discurso que celebra la brutalidad de las acciones policiales. Los 132 fallecidos parecen convertirse en un escalón para el ascenso del discurso liberal cuando las valoraciones emitidas por el gobernador transforman a las víctimas de este acontecimiento en el trofeo de su victoria. Castro aseguró estar satisfecho por la operación y defendió lo cometido: “de víctima ayer, solo tuvimos a los 4 policías”.
No podemos permitir que el atropello de los derechos humanos sea vendido como un éxito ni que la gubernamentalidad justifique la muerte de más de 132 civiles. No podemos pasar desapercibido el acontecimiento policial más violento del país ni mucho menos aplaudirlo como una victoria. El cinismo político de Cláudio Castro tiene un precio demasiado alto, y se está pagando con la sangre de los más vulnerables en Río de Janeiro.
El clima de caos y miedo que actualmente está atravesando el país vecino no es dimensionable. El dictado de clases de todos los niveles educativos está suspendido, los comercios están paralizados y el transporte público se encuentra interrumpido. Esta puesta en escena que emprendieron 2500 policías bajo la orden de Castro, no fue otra cosa que una cortina de humo para inflarse el pecho entre ellos. Entre las autoridades y sus intenciones. Entre la crueldad y su justificación. Entre la impunidad y la diferencia. Entre la retórica de la seguridad y la realidad del abandono. Este espectáculo que decididamente lanzaron y seguidamente defendieron, deja en evidencia el régimen antidemocrático del Partido Liberal y del bolsonarismo.
Tampoco podemos permitir que de acá a un mes este desastre se reduzca a números y datos. Los 132 civiles no eran únicamente eso; eran voces, familiares, ciudadanos, amigos, estudiantes, trabajadores. Eran vidas y nunca deberían haber sido la razón de ninguna masacre.
Residentes de las favelas alzan un cartel que enuncia “Claudio Castro asesino terrorista”

Martina Peyran





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