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La calle es la pasarela más poderosa

Jueves 10 de abril. Primer día del fashion week Córdoba. La jornada ofreció dos desfiles: El primero protagonizado por la firma chilena “Somos novios” y el segundo “Rocio y Córdoba” una firma nacional, en particular tucumana.

 Pero incluso antes de que comenzará el show el foco ya estaba puesto en otro escenario: las calles. Lo primero que llamó mi atención fue la variedad de estilos dentro del público. Personas sin miedo a experimentar, a ser disruptivas. En conclusión, sin miedo a romper códigos. Me encontré con un panorama heterogéneo, lleno de estilos diferentes. Entre ellos góticos, rockeros, boho-chic, clásicos, románticos y todo lo que excede etiquetas. Así mismo, y frente a toda esta variedad, es destacable la complicidad dentro de este grupo de fashionistas. El cruce de miradas,la aprobación silenciosa, la falta de vergüenza y, lo que más impacta: la envidia casi ausente. Es evidente que existe dentro de esta comunidad un gran sentimiento de pertenencia y organización solidaria. Si pudiera resumir esto en una escena traería a colación un momento particular: Me encontraba posando para unas fotos con un compañero y en cuestión de minutos las personas presentes en el lugar atendieron a la escena, no con juicio, sino con disfrute. Así mismo, fue en ese instante que intervino una muchacha con su cámara a capturar el momento y el look de los personajes presentes. Nadie se extrañó, era algo natural dentro de su comunidad. Como si vestirse bien también constará de cierta performance ¿Será que el verdadero desfile lo vimos en las veredas y no en la pasarela? Es posible pero entonces ¿Que vimos en las pasarelas? ¿Que diálogo podemos sostener entre las colecciones y el estilo urbano de las calles?

En la colección “somos novios” se respiraba un aire  sofisticado y juvenil. Vestidos con un trabajo artesanal muy presente y la elegancia como accesorio de las modelos, que simulaban ser novias. Se destaca dentro de la colección la versatilidad de los trajes, ya que no solo pudimos ver el clásico vestido blanco con cola y velo, también vimos diferentes aristas del concepto de novia tradicional.

 Quizás una de las piezas más destacadas fue un traje que constaba de un pantalón de sastrería blanco en la parte inferior y una blusa de pedrería como centro llamativo del look. El show concluyó con una pasarela de modelos en pareja, que a primera vista me recordó a una boda lésbica. No solo por la disposición del dúo de mujeres, sino por la diversidad de estilos que se cruzaban en los trajes. Esa pluralidad es quizás lo más fuerte de la colección ya que deja un mensaje claro: hay una novia para cada vestido y hay un vestido para cada novia.

Ahora bien, el show terminó y cambiamos. No solo de diseñadora, sino también de locación. “Rocío y Córdoba” una marca tucumana, presentó su colección titulada “raíces”, una propuesta con una única dirección: volver al linaje. Esta colección se destacó por el trabajo artesanal en cuero, de hecho pudimos ver prendas confeccionadas y talladas con este material. Por ejemplo una falda celeste de “flecos” con aires gauchesco. La colección transmitía un mensaje contundente: empoderar la identidad nacional. La diseñadora lo menciona así “quería volver a la herencia que me había dejado mi abuelo y mis antepasados, trabajar con cuero es un arte de nuestras raíces nacionales y es necesario que vuelva a ser tradición”.

Las presentaciones terminaron, y algo era claro: lo más destacado fue la artesanía. Especialmente en “Rocío y Córdoba”, dónde la tradición se hizo columna vertebral. No fue el diseño lo que robó la atención en primer lugar,lo fue la herencia del oficio: la confección, los patrones, la elegancia y el cuero como símbolo y piel de nuestra nación.

Si lo artesanal fue lo que inspiró las colecciones en pasarela, ¿Que fue lo que encendió el estilo en la vereda? 

Probablemente sea una pregunta que no pueda responder desde la individualidad de mi pantalla y teclado, pero algo es evidente:hay un volcán activo que despierta algo en común en esta comunidad fashionista, y su origen parece más simple de lo que creemos. Quizás lo que hace explotar el volcán es la urgencia de expresarse de la manera más única posible, diferenciar la lava brillante de las rocas grises. Este hilo me hilvana a preguntarme necesariamente si existe un impulso de definirnos como alguien dentro la comunidad, y a su vez, a esa comunidad como alguien dentro de la sociedad. 

Está narrativa de contarnos a través de la ropa nos posiciona en el lugar de gritar acá estoy, esto soy y estoy quiero ser. Y lo más poético de todo esto es la dualidad de diferenciarnos y pertenecer al mismo tiempo. En fin no hay acto más político que vestirse y pronunciarse, de romper el uniforme de piedra gris y ponerse los tacones de lava.


Ph: Tiziano Ramos


Escrito por Milena Ballesteros

 
 
 

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