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La tercera marcha federal universitaria

El miércoles, Córdoba volvió a latir al ritmo de las voces universitarias. Desde temprano,

columnas de estudiantes, docentes, egresados y no docentes comenzaron a reunirse en lasinmediaciones de la Universidad Nacional. Con pancartas, carteles coloridos, cantos

improvisados y performances artísticas, las calles se transformaron en un río de banderas

que pedía lo mismo en cada consigna: presupuesto y salarios dignos.


La marcha fue parte de la Tercera Jornada Federal Universitaria, que se replicó en decenas

de ciudades del país. Solo en Córdoba, más de cien mil personas coparon las calles,

convirtiendo la protesta en una de las manifestaciones más masivas en defensa de la

educación pública en los últimos años.


La movilización no se limitó a un reclamo económico, también fue un gesto de defensa

hacia la universidad pública, gratuita y de calidad, que atraviesa un momento de

incertidumbre. Durante la jornada se vivieron escenas que reflejaban la diversidad y la

fuerza del reclamo. El ambiente estaba cargado de emoción, pero también de claridad en

los objetivos: exigir que no se recorte el presupuesto, que se actualicen los salarios y que se garantice el funcionamiento pleno de las universidades.


Entre la multitud, los testimonios se repetían. Jóvenes que interrumpieron sus clases para

estar presentes, docentes que denunciaban la pérdida de poder adquisitivo, y un malestar

generalizado por la falta de respuestas políticas.


La marcha también estuvo atravesada por lo que ocurrió en el Congreso: la Cámara de

Diputados rechazó los vetos presidenciales y volvió a insistir con la sanción de la Ley de

Financiamiento Universitario y la Ley de Emergencia Pediátrica. Con 174 votos afirmativos

contra 67 negativos y 2 abstenciones en el caso universitario, y con 181 votos afirmativos

contra 60 negativos y 1 abstención en el caso pediátrico, la decisión legislativa reforzó el

reclamo que se escuchaba en las calles de todo el país. Lo sucedido en Diputados fue leído como un triunfo de la presión social y de la unidad de la comunidad educativa, aunque ahora la definición final pasará al Senado.


Mientras avanzaba en la columna, se podía sentir la intensidad de la jornada. No era solo

una protesta: había una energía que mezclaba bronca con esperanza, escuchar a los

estudiantes cantar,, ver a los docentes marchar con sus hijos de la mano, y sentir que todos éramos parte de algo mucho más grande, me atravesó profundamente. No era posible estar ahí sin pensar en el futuro: en lo que significa una universidad pública abierta, gratuita y capaz de transformar vidas.


No estaría de más reflexionar sobre la importancia de esta ley y de rechazar el veto, como

una decisión profundamente política: se trata de elegir si la educación seguirá siendo un

derecho conquistado por el pueblo, al servicio de la igualdad de oportunidades, o si se

convertirá en un privilegio reservado para unos pocos. Defenderla es defender la Patria, la

soberanía y el futuro de nuestros hijos.


Al caer la tarde, la consigna quedó grabada en el aire: sin presupuesto no hay universidad

posible y sin universidad no hay futuro viable. Córdoba, junto al resto del país, lo recordó

una vez más con la fuerza de miles de voces y cuerpos en movimiento, defendiendo un

derecho que pertenece a todos y que seguirá en el centro de la agenda pública.


Por: Julieta Ambasch

 
 
 

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