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Mamdani y el poder de imaginar otro mundo


La inesperada victoria de Zohran Mamdani en Nueva York funciona como un pequeño recordatorio en tiempos de desencanto: todavía hay lugar para imaginar otra política



La cafetera hace ese ruido suave antes de cortar y el aroma comienza a llenar la cocina lentamente. Es temprano, la luz del cielo apenas dibuja sombras en la mesada, entre mi cuaderno y el celular. Afuera, el día todavía no arranca, entonces entro a las redes por inercia. La cuenta de X de Valor Dólar Blue registra un descenso moderado en la cotización y un socialista de 34 años acaba de ganar la alcaldía de Nueva York.


Mamdani nació en Kampala, Uganda, y llegó a Nueva York cuando todavía era chico. Su mamá es cineasta y su papá un académico, la mezcla perfecta para aprender que el mundo puede pensarse desde muchos lugares a la vez. Creció con historias de exilio, luchas y esperanzas, y quizás por eso habla desde otro lugar. Antes de ser político fue consejero de vivienda. Acompañaba a personas que peleaban por no perder sus casas. Ahora, en la ciudad que parece ser el centro del mundo, logró ganar sin gritar ni disfrazarse. El pasado 5 de noviembre de 2025 consiguió la victoria que lo marcará en la historia. Y no sé bien por qué, pero leer eso me da cierta calma: quizás aún es posible imaginar otro futuro.


En épocas donde todo parece caerse a pedazos, ver que alguien gana hablando de justicia social y vivienda digna suena a una novela de ciencia ficción. Pero Mamdani no me parece un héroe ni un milagro, sino un simple recordatorio: a veces la política puede tratarse de imaginar. De confiar en que no todo está perdido si todavía hay quienes se animan a creer en lo que no se ve, en lo que todavía no existe, pero podría existir. 


En los últimos años, parece que el mundo girara de manera inminente hacia el ruido, hacia los extremos que prometen un orden a cambio de miedo. La ultraderecha avanza con discursos que gritan fuerte pero están vacíos, repletos de enemigos imaginarios. Por eso, en medio de tantos gritos: leer sobre cuidado, techo y dignidad se siente como un respiro. No porque vaya a salvarnos (nadie puede solo), sino porque me recuerda que aún existen formas de llegar al poder sin armarse de cinismo. Y que, incluso cuando todo parece hundirse, hay gestos que permiten la entrada de luz, aunque sea por medio de una rendija lejana y diminuta. 


Imaginar también es otra forma de combatir lo cotidiano: elegir cómo mirar, cómo hablar y cómo no acostumbrarse. A veces es tan sencillo como no aceptar que la crueldad es inevitable, que la desigualdad es normal y que ya no hay nada que hacer. Pienso que por eso me conmovió la noticia: en medio de tanto desencanto, Mamdani representa la posibilidad de creer sin ingenuidad y de construir sin resignarse. Una ternura que se vuelve política.


Mi café ya se enfrió y el sol entra sin pedir permiso. Afuera todo sigue igual: el tránsito, las noticias y el ladrido del perro del vecino. Pero algo se movió, levemente, en algún rincón del mundo. No alcanza para torcer el rumbo global, pero sí para recordarnos que la política no tiene por qué ser sinónimo de desconfianza. Quizás se trate de eso, de cuidar a los pequeños gestos que aún resisten al cinismo.

No es esperar que el mundo cambie de golpe, sino de seguir encendiendo pequeñas luces, incluso cuando parece inútil. Como preparar café una vez más, aunque el azúcar se haya acabado. Como seguir creyendo, aunque a veces duela.


Por Morena Caballero

 
 
 

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Conducción x Arcilla 

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