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NO ODIAMOS LO SUFICIENTE A LOS PERIODISTAS


Son las siete de la tarde y llegamos con mi compañero de redacción al búnker de Provincias

Unidas, mi tarea, fotografiar la posible y esperada victoria de Juan Schiaretti. Diría que el clima de derrota se siente desde la cara de los dos policías escoltando unos cinco conos en la entrada del Quórum, pero mi tarea es fotografiar la victoria. Ingresamos al salón, decimos nuestros apellidos y el nombre del medio al cual pertenecemos, nos entregan una pulsera y entramos al sector de prensa.


Nos sentamos en la punta de una mesa alargada llena de periodistas y comienzan a circular los primeros datos “Parece que arrasa Milei en Cordoba”, enseguida le hablo a una compañera del otro bunker y me dice que no estaría siendo un resultado favorable para Schiaretti y no solo que no es favorable, sino que se habla de una paliza.


Dentro del salón hay muy poco movimiento, entre los mozos del catering y un reducido grupo de militantes, diferentes dirigentes rondan por el lugar con caras largas, de a ratos suena el spot de campaña alternando con cuarteto, una ronda de personas baila.


Yo todavia no saco la cámara, le hablo a mi compañero “¿Arranco a sacar?”, me contesta que sí, que haga lo que pueda, en un repentino giro inesperado, mi objetivo del día cambia, me toca fotografiar la derrota. Por supuesto que en la política nunca se pierde, o por lo menos no es lo que un proyecto político como el cordobesismo quiera demostrar, entonces ahí es donde entra el rol clave del fotoperiodismo, la fotografía a diferencia de las cámaras de televisión, congelan los instantes humanos donde nada se puede simular.


Un conductor de televisión parado en el medio de un salon vacio, un dirigente tendido sobre una valla como si fuera un ring de boxeo, un seguridad suspirando al lado del biombo de prensa porque ningún candidato sale a dar declaraciones, las esposas de los dirigentes tironeandolos para que vayan a bailar cuarteto con la militancia, son momentos fugaces que un periodista debe buscar dentro de un caos organizado.


De repente el salón se inunda de personas, dos conductores se suben al escenario y

comienza el show, repito, en la política nadie pierde frente a la gente. En ese momento aparece otro fenómeno, un grupo de fotógrafos y filmmakers repartidos entre el público, es notable diferenciar adónde apunta cada cámara, todos hacemos un recorte de la realidad, algunos muestran la victoria por encargo, otros muestran las banderas caídas.


Suben loscandidatos, saludan, rien y se abrazan, primero habla el Gobernador, luego Juan, discursos breves y concisos, felicitan a la fuerza ganadora, y entre líneas deslizan la idea de que van

a ser quienes garanticen la gobernabilidad en el congreso, termina la campaña del peronismo cordobés, bajan del escenario, suena el spot, no suena la marcha.


Históricamente los trabajadores de prensa en Argentina fueron sujetos incómodos para el

poder, en el gobierno de Javier Milei, el desprecio a nuestro oficio se profundizó de una

manera que no se había vivido en años, la gestión actual nos odia de manera abierta.

Durante la última llegada del presidente al parque Sarmiento, la prensa acreditada tuvo un

corralito en la punta superior de las escalinatas, un lugar tan alejado que no permitía

tomarle una foto al mandatario ni con un teleobjetivo.


Nada es porque sí, y la lista es extensa, Patricia Bullrich arruinando la vida de Pablo Grillo,

Santiago Caputo fotografiando la acreditación de Antonio Becerra, que meses después iba

a ser perseguido con un cuchillo por una militante libertaria, Maribel siendo detenida demanera arbitraria por la policía federal en Córdoba, son prácticas que se acumulan con el

tiempo y se tornan más violentas.


Si ellos dicen “No odiamos suficientemente a los periodistas”, entonces tenemos que ser

todo lo que el poder odia, hay que dejar los slogans revolucionarios en las pantallas y

llevar esta herramienta de transformación social al territorio, no alcanza sólo con

comprender la terrible situación actual y generar análisis internos dentro de nuestro círculo,

porque si no actuamos de manera directa y crítica, seremos unos simples voceros del

sufrimiento.

 
 
 

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Conducción x Arcilla 

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