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Operativo “Tormenta Negra” en CABA: discurso político, espectáculo y construcción mediática


Centenares de efectivos, helicópteros y cobertura en vivo: Jorge Macri lanzó el operativo más vistoso de su gestión en las villas porteñas. Detrás del despliegue, el debate sobre qué combate realmente. 
Centenares de efectivos, helicópteros y cobertura en vivo: Jorge Macri lanzó el operativo más vistoso de su gestión en las villas porteñas. Detrás del despliegue, el debate sobre qué combate realmente. 

El jueves 14 de mayo se llevó a cabo en la Ciudad de Buenos Aires el operativo “Tormenta Negra”, un amplio despliegue de fuerzas de seguridad ordenado por el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri. El procedimiento tuvo como objetivo declarado combatir el narcotráfico y el narcomenudeo, además de “ordenar el espacio público”. El despliegue de las fuerzas armadas se desarrolló entre las 19 y las 22 horas y se concentró en villas y barrios populares.


Para ejecutar la estrategia participaron agentes de Orden Urbano, Pacificación Barrial, Seguridad Comunal e Investigaciones, brigadas antidrogas y de sustracción de automotores, además de unidades especiales como perros K9, drones, el escuadrón antibombas y helicópteros. También intervinieron áreas del Programa de Descontaminación, la Agencia Gubernamental de Control, Espacio Público, Agentes de Tránsito y equipos del SAME.


Como resultado del proceso se registraron 27 detenidos, la clausura de 25 comercios ilegales y la liberación de 68 kilómetros ocupados por manteros. Según información oficial, el operativo incluyó allanamientos en cuatro viviendas señaladas como presuntos puntos de venta de droga, lo que derivó en dos detenciones.


Diversas opiniones surgieron en base a los hechos. Entre ellas, el arzobispo porteño Jorge García Cuerva y el Centro de Estudios Legales y Sociales (Organización de derechos humanos) manifestaron preocupación por el impacto de este tipo de intervenciones sobre los barrios populares y por la construcción de discursos que asocian pobreza, marginalidad y criminalidad.

El procedimiento alcanzó distintos puntos de la ciudad, entre ellos la Villa 31 de Retiro (Comuna 1), la 1-11-14 del Bajo Flores (Comuna 7), la 21-24 y Zavaleta de Barracas (Comuna 4), Ciudad Oculta y Villa 20 (Comuna 8), Fraga y La Carbonilla (Comuna 15), Rodrigo Bueno (Comuna 1), Los Piletones, Fátima, Ramón Carrillo, INTA-Bermejo, Padre Mujica, Cildañez (Comuna 8) y Barrio Mitre de Saavedra (Comuna 12). “Tormenta Negra”: tan oscura que nubla las cámaras y los noticieros.” 


La magnitud del operativo y su fuerte cobertura mediática abren interrogantes sobre la construcción discursiva del delito y la representación de determinados sectores sociales asociados al peligro, la violencia y el narcotráfico. Irrumpir en determinados barrios llevando a cabo un operativo de tal magnitud trae consigo una interrogante: ¿cuál es el verdadero objetivo?


Las fuerzas policiales se despliegan, las cámaras comienzan a grabar y el discurso empieza a construirse. Los niños del barrio juegan mientras atestiguan la violencia que se ejerce sobre los manteros, quienes encuentran una salida gracias a sus ventas en la informalidad. En los medios masivos, ante el ojo público, se muestran imágenes de la grandilocuencia ostentada por el jefe de turno caminando por aquellos barrios tan “peligrosos”. 


La crítica a este tipo de operativos radica en que suelen enfocarse en los sectores más expuestos de la cadena de comercialización de drogas. Mientras tanto, persisten las condiciones económicas, sociales e institucionales que permiten la continuidad del negocio. Desde esta perspectiva, la repetición de intervenciones policiales de gran escala difícilmente alcance para desarticular un fenómeno mucho más amplio y estructural.

Según un informe realizado por Radio Nacional en 2024, para ese entonces el narcotráfico, los delitos contra la propiedad y la trata de personas con fines de explotación sexual generaban un movimiento económico de 230 millones de dólares aproximadamente. Esta cifra esconde la impunidad con la cual se gestiona el mercado negro, un mercado alternativo escondido de los flashes, las cámaras y del ojo público en general. 


El megaoperativo “Tormenta Negra” ha prometido cosas que nunca podría cumplir. Ha prometido mantener a salvo al sector social “de bien”, deshumanizando así a las personas que viven en las marginalidades de la ciudad. Se ha encargado de demonizar sus formas de supervivencia, las cuales son producto de un Estado ausente que se beneficia de sus necesidades, de un sector privado que abusa de su poder y de políticos corruptos que se atreven a caminar por los barrios con aires de grandeza cada año para utilizar a los desfavorecidos como propaganda política.


El narcotráfico es un problema, pero también es la punta del iceberg que delata a un sistema corrupto, disfuncional e inapropiado. Jorge Macri podría caminar noches enteras esperando reclutar más pruebas que esclarezcan su versión de los hechos pero parece que busca subestimar a la sociedad. Aparecen opulentos slogans que intentan explicar el lazo entre la criminalidad y las bajas clases sociales. Una relación existente, en gran medida, a raíz de una escasa presencia estatal y de la falta de oportunidades que posibiliten una mejor condición de vida.

La espectacularización de los operativos y la insistencia discursiva sobre determinados territorios parecen dejar en segundo plano debates más profundos vinculados a la desigualdad, la exclusión social y las redes económicas que permiten la continuidad del negocio ilegal. Estos debates resultan ser sumamente necesarios en nuestro país, para profundizar en la estructura sistemática, la cual está fallando como organización y sostenimiento de la sociedad, al interferir de esta manera se podrían modificar determinadas fijaciones del sistema, modificarlo y así obtener resultados diferentes. 


Un análisis sobre las palabras de Jorge Macri para LN+


Para profundizar en los fundamentos discursivos que sostienen el operativo, resulta pertinente analizar las declaraciones, durante una entrevista emitida el 14 de mayo en LN +: “Acá la discusión es: ¿es razonable que yo regale la vivienda? Porque yo creo que no”, planteó Macri. Luego agregó: “Si no se puede construir sin permiso en Palermo, ¿por qué vas a poder hacerlo en la Villa 31, en la 15 o en La Fraga? ¿Acaso no hay normas? Yo creo que sí”. 


Claro que hay normas y claro que las normas ordenan. Sin embargo, las vidas de las personas no son “ordenables”: las construcciones ilegales que ocupan espacios no declarados, o incluso en viviendas que son usurpadas ilegalmente, viven personas; personas que no cuentan con posibilidades reales de acceder a un techo digno.


Es entonces cuando surge la verdadera pregunta: ¿es razonable pretender eliminar las formas de subsistencia que estas personas poseen sólo para “ordenar” los espacios urbanos sin brindar primero una medida alternativa? Porque el mandatario declara soluciones para un sector social privilegiado, dejando así exento de ellas a otro sector que encuentra en la ilegalidad una forma desesperada de obtener un hogar.


En consonancia, el jefe de Gobierno reconoció que haber otorgado viviendas en la villa 31 fue un error durante la gestión de su propio partido: “Lo de la Villa 31 lo hicimos nosotros, desde Pro, pero nuestra política no funcionó, y hoy lo tenemos que mejorar”. “Hemos regalado viviendas, la villa siguió creciendo, se te instala el mal adentro y el afuera no convive bien con ese barrio: entonces no funcionó”, mencionó. 

Según las palabras del jefe de Gobierno, el mal está adentro. Partiendo desde este punto de vista, su discurso insiste una y otra vez en separar sectores sociales de manera estratégica. En sus palabras se esconde una necesidad imperiosa de instalar la idea de una “sociedad del bien” y otra “del mal”.

Mediante esta estigmatización se construye un enemigo, se disuelven los lazos sociales, las redes de apoyo y toda posibilidad de identificación colectiva entre sectores que atraviesan problemáticas similares. Solo quienes sean capaces de ir más allá de este tipo de discursos podrían descubrir que los males en aquellos barrios son los mismos males que atraviesa el resto de la sociedad: escasas oportunidades de obtener un trabajo, largas jornadas laborales, salarios insuficientes y un tiempo de vida consumido por una retribución que nunca permite dar un respiro.

La diferencia entre los barrios populares y el resto de la sociedad parece radicar en la manera en la que cada sector es interpelado políticamente: mientras a unos se los amedrenta mediante discursos asociados al peligro y la criminalidad, a otros se les ofrece la promesa meritocrática de ascender individualmente dentro de la pirámide social, bajo la ilusión de algún día poder mirar las nubes desde arriba. No se puede jugar con la ley de la conservación de la violencia: toda la violencia se paga y, por ejemplo, la violencia estructural ejercida por los mercados financieros, en la forma de despidos, pérdida de seguridad, etc., se ve equiparada, más tarde o más temprano, en forma de suicidios, crimen y delincuencia, adicción a las drogas, alcoholismo, un sinnúmero de pequeños y grandes actos de violencia cotidiana. (PIERRE BOURDlEU).

Una nota escrita por Paula Lujan Jashal.

Fuentes utilizadas para la construcción de este reportaje:





 
 
 

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