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Sobre el fútbol femenino en Argentina: una eterna deuda impaga

En pleno siglo XXI, basta mencionar fútbol y mujeres en la misma frase para que  todavía se enciendan viejos prejuicios. Sin embargo, esta cuestión va más allá de una  lucha abstracta; se sostiene en situaciones concretas y cotidianas, muchas veces  invisibilizadas. 

Desde el inicio de este deporte a finales del siglo XIX, las jugadoras  han tenido que enfrentarse a prejuicios y a la falta de reconocimiento, una  problemática que va más allá de lo simbólico. La desigualdad no se limita a la  visibilidad o los salarios; también se manifiesta en las condiciones más básicas en  las que se desarrolla la actividad. 


En junio de 2022, un colectivo de mujeres fue a protestar a la casa de la AFA para protestar por la inacción de la entidad frente a las acusaciones que aquejaban a Diego Guacci, quien fue denunciado nuevamente en abril de este año. Foto: Lidia Beltrán para ANRed
En junio de 2022, un colectivo de mujeres fue a protestar a la casa de la AFA para protestar por la inacción de la entidad frente a las acusaciones que aquejaban a Diego Guacci, quien fue denunciado nuevamente en abril de este año. Foto: Lidia Beltrán para ANRed

En este sentido, el discurso que se opone al machismo convive, en muchas  ocasiones, con prácticas que lo reproducen. Incluso en estructuras que se  consideran profesionales y formativas, persisten estas injusticias y abusos. 


A principios de abril de 2026, una de estas injusticias volvió a tomar relevancia  cuando la actual jugadora del equipo femenino de Belgrano, Luana Muñoz, realizó  una denuncia pública contra Diego Guacci, quien había sido entrenador de las inferiores de River Plate cuando ella recién llegaba al club de Núñez


El testimonio de la jugadora narra cómo el comportamiento del técnico abarcaba conversaciones sobre su vida privada y sexual. “Me hacía sentir en un constante  peligro”, relató al reconstruir aquellas situaciones. 


Su acusación se sumó a la de otras cuatro jugadoras que, en 2021, habían  presentado el caso ante la FIFA —el máximo ente del fútbol—, denunciando  hostigamiento, acoso y abuso por parte de Guacci. En el testimonio de Gabriela Garton, se relató que, tras un partido, el técnico exclamó a las jugadoras: “¿Qué  tengo que hacer para que jueguen bien? ¿Meterlas en la ducha y cogerlas por el  orto?”, entre otras frases que implicaban insinuaciones sobre cómo las jugadoras utilizaban su cuerpo como recurso para acceder a la Selección Argentina Femenina. 


Lamentablemente, la querella fue desestimada en 2022 y no se aplicó ninguna  sanción al director técnico, lo que generó una profunda indignación entre las denunciantes,  quienes se vieron obligadas a enfrentar una contraquerella por daños y perjuicios interpuesta por Guacci. 


También se pueden mencionar las reiteradas faltas e incumplimientos que afectan al  fútbol femenino en Argentina. Durante el año pasado, salieron a la luz casos como el de San Lorenzo, donde las jugadoras protestaron por las paupérrimas condiciones en  las que entrenan: no cuentan con cobertura médica ni reciben insumos para atenderse en el caso de sufrir lesiones. 


Las canchas se encuentran en mal estado; deben entrenar con una única  muda de ropa desde enero, y los vestuarios y baños presentan un deterioro alarmante.   La residencia sufre constantes cortes de luz, problemas de humedad e  incluso la falta de agua caliente en las instalaciones, sin mencionar que carecen de  cocina y de alimentación básica. 


Asimismo, hay una ausencia de micros para el  transporte a los partidos, y muchas jugadoras enfrentan la falta de pago de premios y  alquileres prometidos. Todo esto forma parte de los constantes problemas que  padece el club porteño a nivel institucional. 


En Rosario, destaca el caso de Newells, donde todo el plantel femenino alzó la voz  para exigir ante el mundo la regularización de los pagos hacia todas las jugadoras.  Esto se agrava aún más al considerar que el conjunto rosarino era bicampeón tanto  del Apertura como de la Copa Federal, dos de los torneos más prestigiosos del fútbol  femenino a nivel nacional. A día de hoy, las denuncias por los pagos tardíos siguen vigentes.


Pero las problemáticas del fútbol femenino no solo se reflejan en denuncias  mediáticas o conflictos institucionales. También aparecen en historias cotidianas,  muchas veces invisibles, de quienes sostuvieron la actividad cuando casi no existían estructuras para hacerlo. En ese recorrido, apareció el testimonio de Cecilia Magali Clemente, exjugadora  cordobesa cuya experiencia permite comprender cómo muchas de estas  desigualdades se vivían lejos de los focos y sin ningún tipo de reconocimiento.  


Cecilia, más conocida como Kika, comenzó a jugar a la corta edad de seis años,  compartiendo categoría con los varones ante la ausencia de una categoría femenina en el club de barrio donde su padre era el director. Lejos de oponerse a la idea de que ella jugara, fue quien la motivó desde un principio.  


“Era la marimacho del barrio”, recuerda de su infancia, cuando algunos vecinos la  señalaban por jugar con varones, vestirse con camisetas y ropa de fútbol, e incluso  prohibían a sus hijas que se juntaran con ella. Narró acerca de los sacrificios que implicaba jugar al fútbol en su época; encontrarse con que personas cercanas a ella se oponían a que dejara a sus hijos para ir a jugar un “deporte de hombres”. 


Recuerda que, durante mucho tiempo, le tocó compartir categorías con varones, y los  partidos se convertían en batallas campales, ya que jugaban como lo harían con un  hombre, sin entender la disparidad que había en ello. 

Kika tuvo la fortuna de que en su familia no vieran con malos ojos su gusto por el  deporte y que tanto sus padres como sus hermanos la apoyaran en todo momento,  aunque con sus primeros noviazgos enfrentó conflictos e incluso le llegaron a prohibir  jugar. “Les causaba enojo verme jugar, incluso me lo prohibían. Sin embargo, nunca  dejé de jugar al fútbol… lo hacía a escondidas.” 


Kika afirma al respecto: “Para mí, el fútbol es mi corazón. Me acompaña desde mi infancia; crecí con él en mi  adolescencia, me vio convertirme en mujer y, luego, en madre. Por ende, su  significado ha evolucionado a lo largo de los años. Hoy sé que siempre fue mi cura y  que la pelota es mi mejor amiga.” 


Las voces de Kika y de otras futbolistas mencionadas son recurrentes. El fútbol  femenino es una lucha constante que abarca todos los aspectos de sus vidas Hoy, el  fútbol femenino ha ganado más visibilidad, aunque todavía arrastra viejas deudas.  Quizás por eso, para muchas de ellas, nunca fue solo un deporte: también fue un  refugio, una forma de resistencia y un símbolo de libertad.


Las voces de Kika y de otras futbolistas mencionadas son recurrentes. El fútbol  femenino es una lucha constante que abarca todos los aspectos de sus vidas Hoy, el  fútbol femenino ha ganado más visibilidad, aunque todavía arrastra viejas deudas.  Quizás por eso, para muchas de ellas, nunca fue solo un deporte: también fue un  refugio, una forma de resistencia y un símbolo de libertad.


Una nota escrita por Gianluca Ludueña



 
 
 

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