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Tras los pasos del Indio: un reportaje para recordar, traer y homenajear al Indio Solari.

Nota: En este reportaje, tres redactoras y un redactor del Ancla se propusieron ahondar en su despedida, sus discos, su carrera, sus documentales y entrevistas para poder construir este pequeño homenaje a uno de los bastiones de la cultura argentina que partió hace días, Carlos Alberto “El Indio” Solari.


Fotografía de la sala velatorio del Indio Solari ubicada en Parque Domínico, Avellaneda
Fotografía de la sala velatorio del Indio Solari ubicada en Parque Domínico, Avellaneda

Crónica sobre la misa ricotera en el Patio Olmos, por Barbara Bravo. 


La tarde del 5 de junio de 2026, cientos de personas comenzaron a reunirse en distintos puntos de la ciudad de Córdoba para despedir a Carlos Alberto “ El Indio” Solari. En las inmediaciones del Patio Olmos, el Paseo del Buen Pastor y la Plaza de la Intendencia aparecieron banderas, velas, canciones y abrazos. Bastó la noticia de su muerte para que miles de personas salieran a la calle.

Entre los presentes convivieron jóvenes que nunca asistieron a un recital del Indio, seguidores que recorrieron el país para verlo en los años noventa y familias enteras atravesadas por la misma obra. Padres e hijos compartían canciones, recuerdos y relatos sobre un artista cuya carrera había comenzado décadas antes del nacimiento de muchos de los asistentes.


Fotografía tomada durante la misa ricotera en el Patio Olmos
Fotografía tomada durante la misa ricotera en el Patio Olmos

Mientras algunos  improvisaban pequeños altares con velas y fotografías, otros cantaban clásicos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, con  letras que hacían de lenguaje común. ¿En qué país del mundo una sola voz fue capaz de fundar una religión sin templos?

Recuperar archivo e historia viva de los Redonditos y del Indio es también una forma de conmemorarlo. En ese sentido, el documental de Patricio Rey de CMTV (2016) permite comprender ese proceso. Allí se reconstruyen los orígenes de una agrupación que creció desde espacios alternativos hasta transformarse en un fenómeno masivo sin abandonar una identidad propia. El vínculo con el público no se organizó únicamente alrededor de la música: Fue construido a partir de símbolos, códigos compartidos y una narrativa que alimentó por décadas un imaginario ricotero.





Esa relación quedó reflejada años más tarde en el documental Un Tsunami de Gente, producido por Vorterix en 2017 trabajando una de las aristas más fascinantes del Indio y sus bandas: la capacidad de movilizar multitudes. Los recitales del Indio dejaron de ser únicamente espectáculos musicales para convertirse en acontecimientos sociales, miles de personas viajaban desde distintos puntos del país para compartir una experiencia colectiva que combinaba música, pertenencia e identidad.


La misma idea aparece desarrollada en Piedra que late, realizado también por Vorterix en 2013. El documental observa cómo la ciudad de Tandil se transformaba tras recibir la llegada masiva de los “ricoteros" para ir a los conciertos. 

Más que registrar un recital, el film analiza una comunidad en movimiento. El viaje, la espera, los encuentros y los rituales compartidos ocupan un lugar tan importante como las canciones.


Las vivencias en Córdoba tras la muerte del artista parecen dialogar directamente con esas imágenes. Las plazas y calles de la ciudad volvieron a convertirse en espacios de reunión para una comunidad que se reconoce a sí misma incluso en ausencia de su principal referente. La diferencia es que esta vez el encuentro no estuvo motivado por un recital sino por una despedida.


Sin embargo, comprender la vigencia del Indio requiere mirar también su producción escrita. Durante los últimos años, Solari publicó libros que ofrecen una perspectiva diferente sobre su figura pública. Lejos de reforzar el mito, sus textos permiten acceder a reflexiones sobre la memoria, el tiempo, la creación artística y la sociedad argentina.


En "Recuerdos que mienten un poco”, libro construido a partir de conversaciones con Marcelo Figueras, aparece un Solari consciente de los mecanismos con los que se construyen los recuerdos. El propio título funciona como una declaración de principios: toda memoria es una reconstrucción parcial y subjetiva. Allí repasa episodios de su vida, reflexiona sobre la fama y aborda con naturalidad cuestiones vinculadas con el envejecimiento y la muerte.


Es en este libro que yace el recorte que circuló por las redes sociales, en donde el Indio lee en voz alta y narra:  “A la hora de irme, me gustaría hacerlo a la manera de Leonard Cohen: levantándome en mitad de una partida de póquer sin llamar la atención, dejando las cartas sobre la mesa, sin interrumpir el juego y con la confianza de que mis compañeros no darán vuelta los naipes para adivinar qué me traía entre manos.El indio asegura que le gusta la idea por lo austera: “Irse callado, sabiendo que llegó tu momento de perder y sin distraer al resto de los jugadores, que merecen seguir adelante. ¡Con lo que cuesta armar un full!“.


Por su parte, “Escenas del delito americano” expone otra faceta de su producción. El libro reúne relatos, observaciones y personajes que revelan una mirada crítica sobre la realidad contemporánea. Allí aparecen los márgenes sociales, las contradicciones culturales y los aspectos menos visibles de la experiencia urbana, esa sensibilidad también atravesó muchas de sus canciones y contribuyó a que distintas generaciones encontraran en su obra una forma de interpretar el presente.


“La vida es una misión secreta" completa este recorrido. El libro reúne textos que muestran al Indio más cercano a la reflexión filosófica y literaria. Su interés por los significados ocultos, las preguntas sin respuesta definitiva y la complejidad de la experiencia humana, ejes que a su vez atraviesan la producción musical del Indio. 


Personas de distintas generaciones, de diferentes clases sociales con trayectorias muy diversas fueron todas a los mismos sitios a despedir al Indio así, de manera colectiva. Las canciones del Indio estuvieron presentes durante años en reuniones familiares, viajes, encuentros entre amigos y momentos cotidianos. La transmisión de ese repertorio permitió que jóvenes nacidos mucho después de la separación de Los Redondos sintieran la obra como propia.Entender la dimensión del Indio en la Argentina es entender que no fue solo rock, fue la cara visible de una identidad cultural que desafió las leyes de la industria, construyó una comunidad propia y logró atravesar generaciones enteras. Las banderas desplegadas en Córdoba, los abrazos compartidos y las canciones entonadas frente al Patio Olmos no representan únicamente la despedida de un artista. Constituyen la confirmación de un legado que continúa vigente incluso después de su muerte. Los Redonditos y los Fundamentalistas. Una breve historización por Leticia Moreau


Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota trascendió generaciones y se convirtió en mucho más que una banda de rock. El saxofón, las letras enigmáticas y una nostalgia compartida construyeron un fenómeno cultural único. Lejos de buscar un mensaje particular, el Indio Solari escribió canciones abiertas a la interpretación de cada oyente. 

Enrique Simss, Skay Bellinson y el Indio Solari en una fotografía de archivo
Enrique Simss, Skay Bellinson y el Indio Solari en una fotografía de archivo

Este fenómeno tuvo su origen a mediados de la década de 1970, en la ciudad de La Plata. Allí surgieron Los Redondos como un proyecto artístico autogestionado impulsado por Carlos "Indio" Solari, Eduardo "Skay" Beilinson y Carmen "la Negra Poly" Castro. 


En sus inicios, la banda combinó música, teatro y poesía. Se desarrolló de forma independiente y fuera de los circuitos comerciales tradicionales. Su popularidad creció de manera gradual gracias al boca a boca entre los seguidores. Esto le permitió ganar presencia en la escena musical platense y luego expandirse a distintos puntos del país.


La discografía de esta banda es amplia. Su primer disco, Gulp (1985), posee estrofas cortas y sugerentes. Este invita al público a establecer un vínculo de comunión. Entre los temas con más repercusión se encuentran La Bestia Pop, su primer éxito. La canción se convirtió en un himno que la gente aún corea en los recitales. 


Otra pieza fundamental es “El infierno está encantador esta noche", que refleja el sonido crudo, bailable y lleno de vientos de la primera etapa del grupo. Fue muy importante la operación técnica del músico Lito Vitale, quien además sumó teclados. Por último, una de sus composiciones más viejas, Superlógico, combina guitarras rítmicas muy marcadas y una fuerte presencia de la voz del Indio. Un año después surgió Oktubre y el cambio fue radical. Sus canciones ya no eran ritmos para bailar, sino que requerían una interpretación mucho más profunda. La temática puede interpretarse en relación con las revoluciones sociales, la opresión de masas, la Guerra Fría y la distopía. 


En la atmósfera de este álbum se destacan dos influencias musicales: el post-punk y la New Wave. Lo primero aporta oscuridad, guitarras con ambiente frío y letras paranoicas, elementos que también se reflejan en la estética de la tapa diseñada por Rocambole. En ella solo se utilizan tres colores: negro, rojo y blanco. Por su parte, la New Wave, un estilo derivado del rock que incorporó elementos más modernos, sintetizadores y ritmos dinámicos, aporta el ritmo, el saxo fiestero, los teclados modernos y un compás rápido que te obliga a moverte frente a un mundo que se está cayendo a pedazos. En este escenario, la canción “JiJiJi" generó un impacto masivo en las personas. Dio origen al “pogo más grande del mundo”. Además, fue elegida como la mejor obra de la banda por la revista Rolling Stone (2014). Produjo y sigue produciendo una euforia única en la sociedad argentina.


Los discos posteriores muestran una evolución temática y sonora que profundiza su mirada crítica sobre los hechos sociales. Con Un baión para el ojo idiota (1988), la banda consolida una narrativa centrada en el desencanto social, los personajes marginales y la manipulación de los medios de comunicación. Esta perspectiva se intensifica en ¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado (1989). Allí, la crítica a la violencia institucional, la opresión y la desilusión política se expresa de manera más directa. De este disco surgen algunas de las canciones más combativas de su repertorio: Nuestro amo juega al esclavo, La parabellum del buen psicópata, Rock para los dientes y Ropa sucia. La portada del disco refuerza este mensaje mediante la reinterpretación de la célebre obra Los fusilamientos del 3 de mayo, de Francisco Goya. Esta imagen también fue utilizada como tapa en algunas ediciones de Operación Masacre, libro de Rodolfo Walsh.


La evolución artística del grupo alcanza uno de sus momentos más representativos con La mosca y la sopa (1991). Gracias a un sonido más directo y a canciones que se convirtieron en clásicos, la obra profundiza temas como la desigualdad, el poder y la vida en los márgenes. Al mismo tiempo, mantiene la combinación de crítica social y poesía característica de Los Redondos.


Este recorrido desemboca en el proyecto doble Lobo suelto, cordero atado (1993). Se trata de una propuesta conceptual que reflexiona sobre las contradicciones de la condición humana. Estas aparecen representadas en la tensión entre la ferocidad del lobo y la sumisión del cordero dentro de una realidad ambigua y hostil.


La búsqueda conceptual continúa con Luzbelito (1996). Se trata de un álbum de fuerte contenido simbólico que utiliza la figura del hijo del diablo para exponer las contradicciones, culpas y vergüenzas de la sociedad moderna. Más tarde, Último bondi a Finisterre (1998) incorpora elementos de ciencia ficción, samplers y nuevas tecnologías. Con ellos construye un universo marcado por la alienación urbana y la deshumanización.

Finalmente, Momo sampler (2000) cierra la discografía del grupo con una propuesta experimental basada en la idea de la impostura, el carnaval y la falsedad de los sistemas sociales. El uso de baterías programadas y samples refuerza esta visión. La obra se convierte así en el punto final de una banda legendaria.El final de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, no significó el silencio de Carlos Solari, sino que dio el comienzo de una nueva etapa de experimentación y total independencia. Lejos de observar el pasado con nostalgia, repetir la fórmula que lo había hecho leyenda, o darse un descanso, el Indio se sumergió en lo más profundo de sí para reinventarse.


Su camino en solitario mostró que su talento para componer seguía intacto y amplió su poder de convocatoria como nunca: las viejas misas ricoteras se transformaron en peregrinaciones solistas que reunieron a cientos de miles de personas en ciudades del interior argentino, batiendo récords de gente en Tandil, Mendoza, Gualeguaychú y Olavarría. El Indio solista no fue una continuación; fue una obra nueva.


Para sostener un universo sonoro tan distinto a lo que había hecho antes, Solari decidió experimentar con una orquesta de artesanos capaces de entender su obsesión por el detalle y su mirada contra la corriente; así nacieron, a fines de 2004, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. 


Desde el inicio, la banda combinó la juventud y la fuerza rockera de guitarristas como Baltasar Comotto y Gaspar Benegas, con una base sólida formada por músicos de la talla de Fernando Nalé, Hernán Aramberri y Pablo Sbaraglia. El Indio no armó una banda de acompañamiento, sino una maquinaria perfecta, que funcionó como su extensión en el escenario y en el estudio, y consolidó una discografía que hoy es un manual de resistencia poética.


El mapa de esta música nueva quedó marcado en cinco discos de estudio que dejaron huella en las últimas dos décadas. Todo empezó con El tesoro de los inocentes [Bingo Fuel] (2004), el álbum debut que marcó el nacimiento oficial de la banda. Con canciones eternas como Tomasito podador o Nike es la cultura, introdujo un sonido industrial, cargado de samples, apuntalado por las guitarras de Baltasar Comotto y Gaspar Benegas. El hito que coronó esta etapa fue el debut en vivo en el Estadio Ciudad de La Plata en 2005, demostrando que la convocatoria seguía intacta.


Dos años después los fundamentalistas lanzan Porco rex (2007), el disco fue más melódico, introspectivo, centrado en el amor, el erotismo y la traición. Canciones como Flight 956 se convirtieron de inmediato en himnos dentro de los estadios. Con este álbum se consolidó el fenómeno de las "misas ricoteras",alcanzando un pico histórico de convocatoria en el anfiteatro de Tandil. 


Cerrando la década los FDAA presentan El perfume de la tempestad (2010), una obra más densa con un sonido más hiperpotente, donde el músico se posiciona como un observador en canciones como Todos a los botes!, Torito es muerto. Las presentaciones de este disco llevaron a la banda al Autódromo de Mendoza y el Estadio Martearena de Salta. Pajaritos Bravos muchachitos (2013) es el cuarto disco de la banda y trae consigo canciones como La pajarita pechiblanca, significó el reencuentro en el estudio con sus viejos compañeros ricoteros: Semilla Bucciarelli, Sergio Dawi y Walter Sidotti. Provocó el concierto más multitudinario e impactante de la historia del rock argentino: el sismo de Olavarría en 2017, con la presencia de más de 300 mil personas.


Los Fundamentalistas tomaron la posta de los recitales, saliendo de gira y sosteniendo el repertorio frente a frente con la gente, mientras la voz del Indio, eterna, hacía presencia en las pantallas del escenario. 


Fue en Olavarría el último show del Indio estando presente encima del escenario. El público, eufórico y adrenalínico, escuchó al Indio clamar silencio: “necesito decirles algo, andan diciendo por ahí que yo estoy enfermo, y tienen razón… Mr Parkinson me anda pisando los talones”. Con sus ojos ocultos detrás de sus lentes negros continuó: “todos conocemos a algún familiar o persona enferma, no es tan grave, la vida es así”.

Al formar esta familia, Carlos Solari no solo dio con los intérpretes justos para sus capas sonoras más complejas, sino que aseguró que el fuego de sus canciones se mantuviera encendido en vivo, aun cuando su propio cuerpo ya no pudiera sostenerse.


Sobre el arte visual del Indio Solari, la exposición“Brutto” en el MMAU por Santiago Díaz.

Carlos Alberto Solari no solo es reconocido por su obra musical, el cantante también ha mostrado una faceta visual que continúa expandiendo su universo artístico. 

La exposición de arte visual gestada por el Indio Solari llamada “Brutto” se encuentra en el  Museo Metropolitano de Arte Urbano de Córdoba y podrá visitarse hasta el 7 de junio inclusive, día en el que la sociedad argentina podrá despedir al Indio en Villa Domínico, en Buenos Aires.

Fotografía de la exposición Brutto en el MMAU.
Fotografía de la exposición Brutto en el MMAU.

La exposición reúne 14 obras de arte digital divididas en 2 partes. La primera, consta de un recorrido del músico por su carrera en los escenarios, un repaso por convocatorias multitudinarias en donde se invita al espectador a hacer un viaje en el tiempo, un recorrido hacia la esencia del “Indio” en el escenario. La segunda es un universo digital que se revela a la estética y las formas encorsetadas, su nombre “Brutto” no es casualidad ya que apuesta por lo disonante y se resiste a ser traducido como un simple discurso ordenado.


“No hay aquí ninguna amabilidad, si no la crudeza de una imaginación que se manifiesta imperturbable, como siempre, desbordando los márgenes y conmoviendo la sensibilidad de quienes, además de escuchar, ahora observamos” Dice Barbara Maier y Federico Ruvituso antes de comenzar el recorrido por el mundo digital del músico.


No obstante, no fue esta la primera vez que el Indio se animaba a salir de su zona de confort, la música, para desenvolverse en el mundo de las artes visuales. En 2015 presentó: “El tesoro de los inocentes”, una exposición que exhibe sus lecturas que moldearon e influenciaron su faceta más artística, destacan los autores a los que desde en un principio acudió y a los que luego “olvidó”, según cuenta en uno de los textos que escribió para la exposición. Íconos de la contracultura como Antonin Artaud, un poeta francés surrealista que hizo del caos y la intensidad su sello artístico. El filósofo George Gurdjieff, quien afirmaba que las personas no son conscientes de sí mismas, que viven hipnotizadas como soñando despiertas. Aunque para el georgiano-armenio fuera posible despertar a un estado superior de conciencia y así poder servir al auténtico propósito de los seres humanos. 

La muestra también incluyó fragmentos inéditos de algunas canciones de Los Redonditos de Ricota como: “Juguetes perdidos”, “¡Me matan Limón!”, “Etiqueta negra", "Héroe del Whisky", entre otros originales de sus canciones salpicados de correcciones. Al respecto de esta exposición, el Indio comentó: “Con mis lecturas, a través del tiempo, me he comportado como un peregrino revoltoso. Curioseé todo lo que trajo hasta mí la cultura rock. Así como un músico me invitó a otro, mi guía fueron los escritores de esa nueva izquierda quienes me acercaron a otros autores que el sistema había desechado y hasta prohibido”, contó el Indio en una carta que se reproduce en una pared de la sala y que él mismo redactó durante el armado de la exposición.


Conocer al Indio en sus distintas facetas es también conocer y reconocer una de las figuras centrales de la cultura contemporánea argentina, poder visitar la exposición del Indio hoy es también una forma de despedirlo. Sobre la vida pública y mediática del Indio Solari. Breve columna de opinión por Zoe Cabrera


Hay artistas que llenan el mundo con su imagen para no ser olvidados; Carlos Alberto Solari prefirió permanecer en silencio para volverse inmortal. El Indio fue, sobre todo, el creador de una paradoja llamativa: el mismo hombre capaz de mover multitudes y provocar los terremotos sociales más grandes del rock argentino, eligió vivir encerrado en su espacio, lejos del acoso de las cámaras y del ruido inmediato de los flashes. Su poca presencia pública no fue un desprecio, sino una forma de pensar ; una mística de lo escaso, donde el silencio valía mucho más que el ruido de los medios.


Fotografía del Indio Solari en su entrevista con Mario Pergolini para Vorterix
Fotografía del Indio Solari en su entrevista con Mario Pergolini para Vorterix


Detrás de las famosas gafas oscuras que protegían su timidez del ataque constante de las cámaras, Carlos Alberto Solari escondía la claridad de un pensador incómodo. Tanto en sus páginas memorables en Rolling Stone como en aquellas largas e íntimas confesiones en su entrevista con Mario Pergolini, el hombre desmitifica al héroe de masas para mostrar las grietas de su costado más humano. 

Lejos de la soberbia, el Indio reconocía el lado trágico de su propia leyenda: haberse vuelto un fugitivo de la vida común, un prisionero de su propio mito que ya no podía caminar por una vereda sin desatar un sismo colectivo.


Sin embargo, ese encierro obligado dentro de su estudio Luzbola no era rechazo al mundo, sino su única forma de resistir. Allí, como le confesó a Pergolini con la precisión de alguien experto en sonido, pasaba los días manipulando texturas digitales y esculpiendo ambientes, convirtiendo la música en su mejor remedio. 


Para el artista que hizo cantar a un país que vivir solo cuesta vida, el verdadero enemigo nunca fue la muerte, sino el silencio creativo o la quietud que su cuerpo enfermo le reclamaba. “El lugar más lindo y seguro del mundo que tuve fue el escenario”, dijo alguna vez, dejando en claro que bajo las luces el dolor no tenía permiso para entrar.


En su entrevista con Rolling Stone no hablaba con solemnidad, reiteró su honestidad brutal al repasar los años vividos, el torbellino de la juventud y el avance silencioso de un cuerpo que empezaba a fallarle.


Para el Indio, la vejez no era descanso, sino un terreno hostil donde una mente que no se apaga ni descansa tenía que pelear contra una enfermedad que intentaba quitarle el pulso. Pero en esas mismas páginas donde mostraba sus miedos más terrenales, salía su fe más firme: la confianza ciega en las nuevas generaciones. 


No miraba el pasado con melancolía; celebraba que sus canciones se hubieran vuelto un lenguaje vivo, un boleto de regreso a la juventud eterna para miles de chicos que ni siquiera habían nacido cuando los Redondos dejaron los escenarios, marcando un hito en la historia del rock argentino.


“La muerte es una aventura deseable si uno no tiene dolor”, dijo alguna vez, dejando claro que su único miedo real era quedarse quieto, sin hacer nada.

Con el pasar de los años y más recientemente, se presentó frente a Pedro Rosemblat en el micrófono de Gelatina. Donde pudo volver a desenvolverse otra vez frente a cámaras. Fue en esa mesa donde dijo, con la crudeza de alguien que ya no tiene que rendirle cuentas a nadie, lo humillante que le resultaba el paso del tiempo: “La vejez es una cagada. Yo no sirvo para viejo”, soltó sin rodeos, dejando claro que su única salvación o "medicina" seguía siendo la misma de siempre: seguir haciendo canciones, sin poder evitarlo.


Pero lo que hace más grande al mito que este viernes despedimos es que su encierro nunca fue indiferencia: Mientras el mundo afuera crujía, el Indio miraba de frente el presente. No se encerró en el egoísmo; al contrario, puso los ojos en lo que venía y, con una generosidad total, bendijo a la nueva generación: “Yo creo que a las que hay que mirar es a las muchachas. Las muchachas están haciendo cosas muy buenas”, dijo, desafiando a un medio que todavía reconocía como machista.


Al final, el hombre que provocó los terremotos sociales más grandes de la historia argentina se despidió siendo fiel a sí mismo: “un hippie rocker que se la creyó y que sigue pensando lo mismo”. Un pensador que, sabiendo lo frágil que es la historia, nos dejó una última tarea antes de irse: “No podemos hacer nada en el pasado, por ahora. Y del futuro no tenemos la lógica. Lo que nos obliga a resolver es este presente”.





 
 
 

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Conducción x Arcilla 

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