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A 46 AÑOS DE LA NOCHE DE LOS LÁPICES


Por María Agustina Saber


Hace 46 años atrás, en la madrugada del 16 de septiembre de 1976, efectivos policiales y el Batallón 601 del Ejército arrancaron de sus casas a 10 estudiantes de nivel secundario de la ciudad de La Plata y alrededores. Esta noche es conocida como la Noche de los Lápices.

Estos jóvenes tenían entre 16 y 18 años, en ese entonces se encontraban reclamando por el boleto estudiantil, beneficio que había sido suspendido un mes antes, en agosto de 1976, bajo la dictadura del general Jorge Rafael Videla. La mayoría de ellos militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).


Estudiantes que conocieron el horror en su máxima expresión. Primero fueron llevados a la “División cuatrerismo” donde funcionaba el centro de detención clandestino conocido como “Arana”, ahí fueron torturados durante semanas. Después los trasladaron a la División de Investigaciones de Banfield, conocido como el “Pozo de Banfield”.


La Argentina de Videla era cruenta, hostil y sobre todo represiva. Videla, aquél que intentó transformar la masacre argentina en una incógnita, aquél que vitoreó que el desaparecido “no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desparecido”.


La persecución era tal que incluso se buscó terminar con la participación política de lxs jóvenes que luchaban en los colegios por sus derechos, por mejoras para todxs lxs estudiantes.


Una Argentina oscura, marcada por torturas, desapariciones forzadas, simulacros de fusilamiento e intentos, en vano, por imponerles otra mentalidad; el ejército que obligaba al pueblo a aceptar aquél nuevo país. Una época donde no había certezas pero sí dolor, soledad y una búsqueda incesante.


La conquista del gobierno democrático en 1985 y los testimonios de las y los sobrevivientes en el Juicio a las Juntas, lograron que la Noche de los Lápices tomara notoriedad pública. El testimonio de Pablo Díaz fue uno de los más importantes; contó la modalidad de los secuestros y posterior tortura, tanto a él como a sus compañeros.


Pablo inclusó recordó que había un documento en la Jefatura de la Policía de Buenos Aires donde se hablaba de que luego de desarticular política e ideológicamente los sectores “subversivos”, la piedra angular eran los “potenciales subversivos”, que eran los estudiantes secundarios que eran líderes en sus escuelas.




Creemos que esta efeméride es una oportunidad para pensar y analizar el presente de la organización de los jóvenes en relación a la conquista de derechos; es una oportunidad para tener memoria.



Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Claudio de Acha, Daniel Racero, Horacio Ungaro, Francisco López Muntaner, Gustavo Calotti, Pablo Díaz, Patricia Miranda y Emilce Moler son los nombres de quienes fueron perseguidos, secuestrados y torturados. Los primeros seis fueron asesinados y sus restos aún están desaparecidos, sólo los últimos cuatro lograron sobrevivir.


Y ni las más grandes atrocidades pudieron silenciarlos; sus cuerpos padecieron pero no sus ideas. Es por esto que al día de hoy la memoria es más fuerte que nunca; los lápices siguen escribiendo, porque todavía seguimos diciendo Nunca Más.


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