Las voces de les que ya no están
- El Ancla, en Centro de Medios

- 1 may 2024
- 4 Min. de lectura
Los juicios por lesa humanidad han tenido un impacto profundo en la sociedad argentina, contribuyendo a romper el silencio y el olvido que rodeaba a los crímenes de la dictadura.
Han permitido que las víctimas cuenten sus historias, que se reconozca su sufrimiento y que se responsabilice a los culpables.
El pasado jueves 18 de abril del 2024 se realizó en un ambiente impregnado de solemnidad y justicia palpable, el alegato del juicio por lesa humanidad de las víctimas de la última dictadura cívico militar. A cargo de las acusaciones se encontraban los fiscales Facundo Trotta y Carlos Gonella. Este hecho tuvo lugar en los tribunales II, entre Yrigoyen y Caseros, en Córdoba capital.
Facundo Trotta, con una determinación firme, delineó los crímenes perpetrados desde septiembre de 1978 hasta agosto de 1979. No obstante, señalaba con claridad que estas atrocidades no eran simplemente un capítulo aislado en la historia argentina, sino que eran parte de un plan sistemático de dominio y violencia ejercido por el Estado.
En el transcurso del alegato, las palabras de Trotta y Gonella se mezclaban con testimonios desgarradores. Voces que evocaban el sufrimiento inimaginable sufrido en el corazón mismo del horror: el centro clandestino de detención conocido como "El D2".
El caso se centra en un grupo de mujeres que fueron secuestradas, torturadas, violadas y amenazadas. Entre ellas se encuentran Teresa Luisa Peralta, Marta Nélida Funes y su hija de 10 años, Delfina Lidia Peñaloza, y María de las Mercedes Moreno. Además, se ventilan los hechos relacionados con los trabajadores municipales Olga del Carmen Molina, José Manuel Ochuza y Luis Enrique Rosales, así como los casos de Juan Carlos Bazán y Elías Humberto Ríos, ambos secuestrados en 1979.
Las cartas clandestinas, los golpes implacables, las violaciones brutales, el prevaricato de auxiliares de la justicia, la falsedad documental y la constante amenaza de la muerte se entrelazan en un relato de horror que desafiaba toda comprensión humana.
Pero entre las sombras de la tragedia, también se destacaban destellos de coraje y resistencia. La lucha incansable por la justicia de las víctimas y sus familias, la valentía de aquellos que se atrevieron a alzar la voz en medio del silencio impuesto por el régimen opresor, eran testigos de la fuerza indomable del espíritu humano.
Se tejía un vínculo indeleble entre el pasado y el presente. Una red de solidaridad y resistencia que trascendía el tiempo y el espacio, en un tributo eterno a aquellos que sufrieron y murieron en nombre de la libertad y la dignidad humana. Se hacía evidente que el deber de recordar y rendir homenaje a las víctimas de la dictadura no recae únicamente en las palabras, sino en el compromiso activo de cada individuo con la verdad, la justicia y la memoria histórica.
Este hecho nos trae a la memoria a Pablo Alberto Balestra quien fue una de las víctimas de la represión durante la última dictadura cívico-militar en Argentina. Fue detenido por fuerzas de seguridad del Estado y llevado al centro clandestino de detención, tortura y exterminio conocido como "D2", ubicado en la provincia de Córdoba. Balestra fue sometido a condiciones inhumanas, torturas y maltratos junto con otros prisioneros políticos. previo a su exterminio fue trasladado al hospital de urgencia con fracturas, donde quedó cuadripléjico. Allí lo encuentra su esposa, ya que una esposa de un preso común le comunica su paradero, en estado lamentables. Al enterarse el médico que era un detenido del d2, lo regresan a la cárcel hasta octubre del mismo año quien tristemente, su destino final fue el fusilamiento por parte de sus captores. Fue la última tanda de fusilados. Su cuerpo nunca fue encontrado y su desaparición se suma a la larga lista de personas que sufrieron la violencia del régimen militar.
Aldo Camaño, quien el 29 de marzo de 1976, a la edad de 19 años, fue secuestrado de su casa y fue llevado al Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio "La Perla", donde permaneció cautivo. A pesar de los esfuerzos por encontrarlo, Aldo Camaño continúa desaparecido.
Roberto Sánchez, estudiante de comunicación audiovisual, Roberto fue secuestrado en 1977 a la edad de 23 años. Apasionado por el cine y la fotografía, utilizaba su arte como una forma de denunciar la represión y la violencia del régimen militar.
Juan Carlos Gómez, estudiante de comunicación social y activista político, fue secuestrado en 1977 a la edad de 24 años. Su compromiso con la lucha por los derechos humanos lo llevó a participar en movimientos estudiantiles y en la organización de protestas pacíficas contra el régimen dictatorial. Su desaparición dejó un vacío en la comunidad estudiantil, pero su memoria sigue viva como un símbolo de resistencia y lucha.
A pesar de que aún no se han encontrado sus paraderos, sus casos siguen siendo un símbolo de la lucha por la verdad y la justicia en Argentina. Ellos representan la trágica pérdida de una generación de jóvenes argentinos durante la dictadura. En un hito de justicia histórica, los responsables de sus secuestros fueron juzgados el 25 de agosto de 2016 en la sentencia de la Megacausa "La Perla-La Ribera-D2", hasta la fecha.
Hoy seguimos peleando por la memoria, verdad y justicia, y repetimos febrilmente nunca más.






Comentarios